Las mujeres son guerreras (XVIII): Agustina de Aragón

Agustina Raimunda María Zaragoza y Doménech, nacida en Reus, Lérida en 1786 fue una de las figuras destacadas de la Guerra de Independencia contra Francia gracias a sus acciones durante Los Sitios de Zaragoza, que le valdrían el nombre de Agustina de Aragón.

Agustina se casó siendo muy joven con Juan Roca Vilaseca, un cabo de artillería que participó de forma activa en el Levantamiento contra los franceses. Ella lo acompañó siempre, por eso se encontraba en Zaragoza en 1809 durante el Sitio de Zaragoza, donde el ejército francés intentaba romper la defensa de la ciudad, sublevada después del 2 de Mayo, y que aguantaba estoicamente a un ejército superior. 

Juan Roca estaba con el ejército defensor, y Agustina lo acompañaba, pero un día, durante un ataque, una de las puertas de la ciudad, la del Portillo, fue duramente castigada, dejando a todos sus defensores muertos o heridos. Agustina, que iba al encuentro de su marido, se encontró con el dantesco escenario, la puerta desprotegida y el ejército francés a punto de tomarla. Y aquí nacería una leyenda...

Agustina por Augusto Ferrer-Dalmau

Agustina por Augusto Ferrer-Dalmau

Ni corta ni perezosa, en vez de huir como cualquier hijo de vecino, decidió luchar, este sentimiento, que se repetiría en multitud de lugares, sería la clave para la derrota francesa. Así que fue hacia uno de los cañones, preparado para disparar y encontró la mecha en las manos de un artillero herido, apuntó a los franceses, desprevenidos porque estaban seguros que no quedaban defensores, y disparó. Tal fue el shock y la sorpresa que el ejército, temiendo una emboscada, huyó de la puerta, lo que aprovecharon nuevos defensores para volver a ocuparla, salvándose la ciudad.

El general Palafox, el encargado de defender la ciudad, la felicitó personalmente y la nombró artillera. Agustina seguiría defendiendo la ciudad durante el Sitio de forma tan valiente que pronto fue sargento y después subteniente.

Agustina por Goya, en el cuadro ¡Qué valor!

Agustina por Goya, en el cuadro ¡Qué valor!

Pero la presión de ejército francés fue demasiada, y el 21 de febrero de 1809 la ciudad tuvo que rendirse. Agustina fue tomada prisionera, pero pronto fue intercambiada por franceses. Una vez libre siguió ayudando al ejército, mientras su popularidad no hacía más que crecer, dando mayores ánimos a los combatientes. 

Destaca un nuevo asedio, esta vez en Tarragona y la Batalla de Vitoria, que sería su última acción militar, donde fue felicitada por el general Morillo, porque si algo demostró siempre fue una gran valentía.

Monumento a Agustina en Zaragoza

Monumento a Agustina en Zaragoza

Una vez acabada la guerra siguió disfrutando de gran popularidad, al fin al cabo, era uno de los grandes ejemplos de la enconada defensa contra los franceses. En 1814, el rey Fernando VII le concedió una pensión vitalicia de cien reales mensuales. 

Se casó por segunda vez con el barón Juan Eugenio Cobos de Mesperuza y vivió en Ceuta el resto de su vida, hasta su muerte en 1857. Sus restos volvieron a Zaragoza en 1870, a día de hoy siguen allí, en la Iglesia de Nuestra señora del Portillo, donde son venerados como la heroína que fue.