Nos hemos leído "El Último Barco", de Domingo Villar, y la espera ha merecido la pena

Después de “Ojos de Agua” y “La Playa de los Ahogados”, llega el último libro del escritor vigués Domingo Villar. Se ha hecho esperar, pero una vez inmersos en la novela entendemos el porqué de la espera.

“El Último Barco” viene cargado de situaciones cotidianas, paisajes preciosos, retranca, arte y una intriga capaz de robar horas de sueño al más dormilón.

La historia gira alrededor de la desaparición de Mónica Andrade, una joven de la Escuela de Artes y Oficios, hija de un prestigioso cirujano vigués. Vive en Tirán, al otro lado de la ría de Vigo, por lo que acompañaremos a los personajes en sus viajes en barco y podremos disfrutar del viento en la cara y el inconfundible olor a mar.

Los capítulos son cortos, lo cual favorece la lectura y obliga a mantener los ojos abiertos durante las más de 700 páginas. Gracias a la descripción de la gente, sus oficios, y su manera de hablar, vamos conociendo a Mónica y, porqué no decirlo, encariñándonos con ella.

Esta vez el gallego, Leo Caldas, y su ayudante zaragozano, Rafa Estévez, se encuentran ante un caso complicado, donde nada es lo parece y lo que parece puede no ser. Esto será un fastidio y chocará con el fuerte carácter de Rafa, poco amigo del tan característico “sí pero no” estilo gallego. Sin embargo, el lector agradecerá este choque de trenes que le hará esbozar más de una sonrisa al reconocerse en muchas de esas situaciones.

Los personajes de esta novela no están ahí por casualidad. Todos y cada uno de ellos tienen un peso especial, convirtiéndose en buenos y en malos, amigos y sospechosos, o todo ello a la vez. Lo mejor es no perderles la pista a ninguno y vigilar cada uno de sus pasos.

Para los lectores de novelas de misterio es muy interesante recoger las piedras de Pulgarcito que el escritor va lanzando poco a poco a lo largo de la historia. Cuando se acaba la novela lo que uno tiene ganas es de volver a leer hacia atrás y recoger de una en una esas piedrecitas en forma de pistas. Han estado todo el rato en el camino y quizá más de uno haya tropezado con ellas, pero la precisión de quien sabe lo que hace, empaña el cristal de las gafas dejando abiertas todas las posibilidades .

Ha merecido la pena esperar por esta receta con tan buenos ingredientes. Estos han sido cuidadosamente seleccionados y tratados con mimo para convertirse en un delicioso manjar. Cocinada a fuego lento para captar todos los aromas autóctonos de la gastronomía gallega y regada con un buen vino de la bodega familiar, El Último Barco es una historia llena de misterio y enseñanzas de la vida que no hay que dejar de leer…

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