La Batalla de Crécy, el fin de la caballería pesada

En el contexto de la Guerra de los Cien años, la Batalla de Crécy supuso el final del dominio de la caballería pesada, que fue aniquilada por los arqueros ingleses.

En 1346 la guerra empezaba a decantarse del lado inglés, tras la Batalla naval de La Esclusa, el ejército inglés de Eduardo III pudo desembarcar en Normandía y derrotar a los franceses en Caen, desde esa posición ventajosa podían marchar hacia París, pero el ejército del rey francés Felipe VI salió en su búsqueda, por lo que los ingleses se replegaron y buscaron una posición ventajosa.

El 26 de Agosto, cerca de Crécy, el ejército inglés, formado por unos 12000 hombres, entre los que destacaban 7000 arqueros ingleses armados con arcos largos (arcos de madera de olmo 1,80 metros de altura que alcanzaban unos 250 metros), se enfrentó al ejército francés, muy superior en hombres, entre 20 y 30 mil, entre ellos 12000 caballeros acorazados. Lo que podría parecer una fácil victoria francesa se convirtió en una desastrosa derrota. 

La infantería inglesa esperando antes del combate, dibujo de James William Edmund Doyle

La infantería inglesa esperando antes del combate, dibujo de James William Edmund Doyle

Eduardo III estaba curtido en batallas y sabía cómo poner dificultades a la caballería francesa, buscó una posición elevada con los flancos protegidos para evitar que los pudiesen rodear y con el terreno recién labrado, lo que dificultaba el avance de los caballos, además construyeron algunas defensas adicionales. El rey ordenó luchar a pie, con su hijo, el Príncipe Negro, en vanguardia, y él en retaguardia para dirigir el ejército, lo importante era proteger a los arqueros.

Los franceses lo tenían claro, su objetivo era lanzar una poderosa carga, protegidos por sus armaduras de 40 kilos, y desbaratar de un plumazo las defensas inglesas, tanta confianza provocó que Felipe VI ni siquiera organizó bien las posiciones de ataque, debilitando la carga. 

La batalla empezó con las armas a distancia, por un lado los ballesteros genoveses del ejército francés avanzaron para disparar, pero su cadencia era muy inferior a la de los arqueros ingleses y además Felipe VI, que tenía prisa por ganar, los hizo marchar antes de que los escuderos que los acompañaban tuviesen los escudos paveses con ellos, fundamentales para protegerles mientras recargaba, la masacre fue total, y los pocos genoveses que escaparon de las flechas inglesas fueron asesinados por las tropas francesas para “castigar su cobardía”.

Eduardo III

Eduardo III

Los franceses, aún seguros de si mismos, decidieron usar su táctica favorita, la carga de caballería, a pesar de que el terreno no era nada propicio para ello, el campo recién arado y la elevación reducían considerablemente la velocidad a la que podían cargar. Y la carga fue un fracaso, hasta 16 veces lanzó Felipe VI a sus caballeros contra los ingleses y en todas fueron rechazados por los arqueros, que los destrozaban con sus flechas, era tal la cantidad de flechas disparadas que muchas alcanzaban puntos mal protegidos como las axilas, provocando grandes pérdidas. La única vez que consiguieron llegar a la vanguardia inglesa fueron rechazados por un jovencísimo Príncipe negro, que contaba con 16 años en esos momentos.

La táctica inglesa demostró ser muy efectiva, los ricos y poderosos caballeros embutidos en pesadas armaduras no eran rival para simples campesinos armados con arcos largos, era el final de la época de la caballería.

Felipe VI, herido y desmoralizado, ordenó la retirada de tan desastrosa batalla. Los ingleses habían provocado 12000 bajas francesas frente a las 1000 suyas. La derrota fue especialmente dolorosa por la cantidad de nobles franceses y aliados que murieron en ella, dejando la capacidad de mando francesa muy comprometida, lo que originaría nuevas derrotas más adelante. Además, pocos de los nobles capturados sobrevivieron a sus heridas, pero aún así tuvieron más suerte que la mayoría de las tropas capturadas, ya que aún regía el código caballeresco, que los salvó de ser ejecutados, cosa que no pasó con las tropas, asesinadas después de la batalla.

Eduardo III contando a los muertos, estuvo entretenido un buen rato

Eduardo III contando a los muertos, estuvo entretenido un buen rato

El golpe moral fue tan importante que los franceses no fueron capaces de recuperarse hasta la llegada en 1428 al asedio de Orleans de una chica que decía hablar con Dios, Juana de Arco, que demostraría que se podía derrotar a los ingleses.