El escándalo de la Torre de Nesle, el principio del fin de los Capetos

En 1314, durante el reinado de Felipe IV de Francia se produjo un escándalo enorme con las tres mujeres de los príncipes reales, todo acabó en castigos y muerte, pero algo más grave sucedió, el descrédito de las mujeres de la realeza provocó la implantación de la Ley Sálica, que desembocaría no mucho más tarde en el fin de la dinastía real de los Capetos.

La situación en Francia no era muy halagüeña, el rey Felipe IV, tras unos buenos años donde saneó la economía del país, sobre todo gracias al proceso de disolución de los templarios, pero esos tiempos habían acabado y ahora la economía de Francia no era buena, por lo que su reputación no era la mejor cuando le estalló el escándalo en la cara.

Felipe IV de Francia

Felipe IV de Francia

Felipe IV tenía cuatro hijos: tres varones, Luis, casado con Margarita de Borgoña, Felipe, casado con Juana II de Borgoña y Carlos, casado con Blanca de Borgoña (una gran forma de acabar con los problemas territoriales en la zona), y una hija, Isabel, casada con el rey de Inglaterra, Eduardo II.

En 1313, Isabel y su marido realizan una visita a Francia, durante la misma, Isabel regala unos bonitos monederos bordados a sus cuñadas como agradecimiento por el buen trato recibido. Pero un tiempo después, en una fiesta, Isabel y Eduardo II pudieron ver dos de esos monederos en posesión de dos hermanos, caballeros de la corte, Gutierre y Felipe d’Aunay. Y claro, la pareja real se lo tomó pero que muy mal, y fueron con el cuento a Felipe IV en cuanto tuvieron oportunidad, aduciendo además, que el asunto tenía que ser cosa de cuernos. Felipe IV, que era un tío muy guapo, pero impávido y solemne, se lo tomó peor aún y mandó que los espiaran.

Margarita de Borgoña y Luis X

Margarita de Borgoña y Luis X

Las investigaciones concluyeron que al menos Blanca y Margarita se habían visto a escondidas con los hermanos d’Aunay en la Torre de Nesle, una antigua torre situada en uno de los extremos de la muralla de París a orillas del Sena. En la acusación también se incluyó a Juana, ya que se la había visto por la torre, aunque no se sabía con quien, y al menos, tenía que estar enterada de lo que pasaba.

El rey mandó encarcelar a todos los implicados, causando un gran revuelo en la opinión pública. Felipe IV ya tenía problemas suficientes, así que no tuvo piedad ninguna. Los dos hermanos, que los atraparon cuando intentaban huir a Inglaterra, confesaron todos los crímenes tras unas cuantas caricias de los inquisidores y fueron sentenciados a muerte, pero de una forma espantosa, ya que primero los castraron y después fueron ahorcados, despellejados y descuartizados. A Blanca y Margarita las juzgó el parlamento francés, siendo condenadas a cadena perpetua, Juana, a la que no se le pudo demostrar nada, fue declarada inocente, gracias al apoyo de su marido Felipe, que parece que siempre creyó en su inocencia.

Juana II de Borgoña y Felipe V el Largo

Juana II de Borgoña y Felipe V el Largo

Felipe IV, muy compungido por todo esto, muere este mismo año, siendo sucedido por su hijo mayor, Luis X el Obstinado, que repudió a Margarita, y posiblemente la hizo matar en prisión, casándose de nuevo poco después. Pero Luis X murió al poco tiempo después de jugar un partido de tenis especialmente enérgico, en 1316, dejando la sucesión en una situación peligrosa. Tenía una hija, Juana, sobre la que pesaba la losa de la infidelidad de su madre, y un hijo nonato con su segunda esposa, Juan, llamado Juan I el Póstumo, cuando nació, pero murió poco después. Los nobles franceses no querían a una mujer en el trono tras todo lo que había pasado, así que le dieron el trono al hermano de Luis X, Felipe V el Largo.

Para evitarse problemas, Felipe V reactivó la Ley Sálica, para evitar que las mujeres reinasen. Restableció a su mujer Juana, que estaba en arresto domiciliario desde el juicio a pesar de su inocencia. Felipe gobernaría junto a Juana hasta 1321, año en el que murió, pero sólo tenía hijas, y gracias a la Ley Sálica, fue su hermano Carlos IV, el que heredó el trono. Juana vivió tranquila el resto de su vida.

Blanca de Borgoña y Carlos IV el Hermoso

Blanca de Borgoña y Carlos IV el Hermoso

Carlos IV el Hermoso, una vez en el trono, pidió la nulidad de su matrimonio con Blanca, que llevaba encerrada en unos calabozos desde el juicio, y la mandó a una abadía, en la que fallecería al año siguiente, Carlos IV se casó de nuevo al poco tiempo de nuevo. Pero a pesar de sus intentos, cuando Carlos IV muere en 1328, solo lo sobrevive una hija, que estaba embarazada, así como su tercera mujer, embarazada también, pero las dos dieron a luz niñas, por lo que no quedó ningún heredero real varón para continuar con la dinastía reinante.

Como nadie quiso modificar la Ley Sálica, se tuvo que buscar a un nuevo rey fuera de la familia, el elegido fue Felipe de Valois, primo de Carlos IV, de una rama menor emparentada con los Capetos, que subió al trono como Felipe VI, pero otro de los candidatos era el rey de Inglaterra, Eduardo III, hijo de la hermana de Carlos IV, Isabel, la descubridora del escándalo que llevó a esta situación, que también tenía derechos dinásticos. Esto motivó el comienzo de la Guerra de los Cien años, que arrastraría a Francia e Inglaterra a tan famoso enfrentamiento, y todo por no dejar gobernar a una mujer…