La expedición de los Diez mil

En medio de una guerra civil en Persia, un contingente de mercenarios griegos es contratado por uno de los bandos, pero tras su derrota, 10.000 griegos se ven solos en medio de un enorme territorio y lejísimos de su casa, este es el relato de cómo consiguieron volver.

Tras la muerte del rey Persa Darío II en 404 a.c., sus dos hijos, Artajerjes II y Ciro el joven, se enzarzaron en una guerra civil. Ciro el joven controlaba la región de Jonia, la más cercana a las ciudades griegas, allí pudo reclutar a un buen número de guerreros hoplitas, sin mucho que hacer tras finalizar la Guerra del Peloponeso (la guerra entre Atenas y Esparta) y desempleados tras la gravísima crisis económica que sufría el mundo griego. Uno de esos guerreros fue el ateniense Jenofonte, un cronista de su época, que entre otras cosas escribió la Anábasis, la historia de esta expedición.

Busto de Jenofonte

Busto de Jenofonte

En Sardes, Ciro consiguió reunir a unos 50000 hombres, entre ellos a unos 12000 mercenarios griegos (que realmente fueron engañados y no sabían que iban a combatir en una guerra civil), al mando del espartano Clearco. Ciro marchó a Babilonia para luchar contra Artajerjes, y los ejércitos de ambos chocaron en la Batalla de Cunaxa en el 401 a.c. Las tropas de Artajerjes doblaban en número a las de Ciro, pero este contaba con los expertos griegos, que en el flanco derecho destrozaron a sus enemigos. Desgraciadamente para todos, Ciro decidió atacar al centro enemigo intentando matar a su hermano, acabando él mismo muerto. Las tropas persas entraron en pánico y escaparon, pero los griegos, mucho más disciplinados, cerraron filas y aguantaron los ataques enemigos hasta que estos tuvieron que retirarse momento en el que los persiguieron y aniquilaron. Los griegos habían sobrevivido a una jornada desastrosa, pero ahora estaban solos en medio de un territorio enemigo.

Los líderes griegos consiguieron pactar una tregua con Artajerjes y fueron llevados hasta el río Tigris, allí el sátrapa (gobernador) Tisafernes, invitó a los líderes a su campamento, donde los traicionó y los asesinó. Afortunadamente, el resto  del contingente pudo salvarse. Los Diez mil convocaron asambleas y  eligieron nuevos líderes, entre los que estaba Jenofonte y emprendieron la marcha a través del desierto y después por las montañas tras no poder cruzar el río Tigris, siempre acosados por el enemigo y sin apenas víveres. Tras meses de marcha consiguieron llegar a la costa del Mar Negro, donde erigieron un monumento recordando a sus muertos y a la aventura vivida, habían recorrido 6000 kilómetros a través de un enorme territorio completamente hostil.  Pero no tenían barcos para volver a casa.

El recorrido de los Diez mil

El recorrido de los Diez mil

Las ciudades griegas de la costa los rechazaron y entre ellos empezaron los problemas, al final una parte de ellos se fueron y a punto estuvo todo el grupo de deshacerse. Al final consiguieron pactar con un general espartano, Tribón, que los llevó a la guerra contra unos sátrapas locales para después marchar a Pérgamo, donde por fin pudieron volver a casa los 5300 hombres que habían sobrevivido, dos años después de su fatídica salida.

La historia de estos hombres cambió para siempre el pensamiento de sus contemporáneos, que hasta ese momento sentían mucho miedo por los persas tras las dos invasiones que habían sufrido, ahora ya no parecían tan temibles si un pequeño ejército había podido hacer eso, la superioridad griega parecía probada. Una lección que llevaría a la práctica Alejandro Magno 70 años después.