Aleksandr Suvórov, el general invencible

Suvórov mandó de una forma impecable a sus ejércitos en decenas de combates a lo largo del siglo XVIII, aumentando el prestigio de Catalina II de Rusia, su gran mecenas, ya que jamás perdió un combate.

Suvórov, nació en Moscú en 1729, entrando muy pronto en el ejército. En 1762, tras luchar primero contra los suecos y más tarde contra los prusianos en la Guerra de los Siete Años, donde empezó a destacar, fue nombrado coronel. Suvórov no era un militar al uso, rechazaba los lujos y comía y dormía como un soldado más, criticó mucho la forma de hacer la guerra y cambió todo lo que le vino en gana. Sus soldados tenían que entrenar más duro que nadie, lo que se reflejaba después en el campo de batalla, donde siempre eran superiores a sus enemigos.

 Catalina II de Rusia

Catalina II de Rusia

Uno de los mayores enemigos de Suvórov fueron los otomamos, tras la declaración de la Guerra Ruso-Turca en 1768, Suvórov atacó Cracovia y acabó con la resistencia polaca que amenazaba la frontera, por lo que fue ascendido de nuevo. Después pudo maniobrar y encararse contra los turcos. Los rusos siempre llevaron la iniciativa y fueron ganando terreno en Ucrania, pero la llegada de Suvórov en 1773 y sus continuas victorias, destaca la de Kozludsí, obligó al Imperio Otomano a firmar la paz al año siguiente.

Fue enviado a Crimea, donde continuó su exitosa carrera, para 1783 ya era general de infantería. En 1787 los turcos volvieron a declarar la guerra para recuperar el terreno perdido en la anterior, pero no contaban con Suvórov, tomó la fortaleza de Izmail, que se creía inexpugnable, tomó parte en otros asedios y en dos ocasiones derrotó a los turcos en combate, incluso fue herido dos veces en Kínburn, pero no hubo forma de detenerlo. La zarina Catalina II, aprovechando sus pactos con Austria, lo nombró Conde del Sacro Imperio Romano por sus acciones.

 Suvórov siendo herido en Kínburn

Suvórov siendo herido en Kínburn

Tras esto fue de nuevo enviado a una cada vez más debilitada Polonia, allí descabezó a la resistencia polaca, no sólo al ganarles en combate, sino al tomar prisionero a su líder, Tadeusz Kosciusko. Pero una nota amarga quedaría para siempre en su expediente, en la toma de Varsovia no fue capaz de refrenar a sus tropas, que provocaron una horrible masacre. Tras la rendición de Polonia, Suvórov fue nombrado Mariscal de campo, la más alta graduación militar.

Pero lo que no pudieron hacer sus enemigos en el campo de batalla, lo consiguieron sus supuestos aliados, tras la muerte de la zarina, su hijo, Pablo I, quizás un poco celoso de toda la fama que poseía Suvórov, lo retiró del ejército y de la vida pública. 

Suvórov fue muy crítico con el nuevo zar, pero todo quedó en segundo plano cuando sus servicios fueron necesarios de nuevo en 1799, el nuevo estado revolucionario francés, que tanto detestaban el resto de países absolutistas, atacó Italia, y Suvórov fue enviado al frente para detenerlos. Suvórov les ganó en batalla, pero quedó aislado tras la derrota de su compatriota Kórsakov y la traición de los austríacos, que se retiraron de la contienda.

Suvórov, sabiendo que su posición era indefendible, ideó una estratagema copiando al gran general de la antigüedad Aníbal, cogió a sus tropas y las hizo avanzar a través de Los Alpes, para salir de Italia y volver a territorio aliado. A pesar de la dureza del clima consiguió salvar a su ejército y volver sanos y salvos. Tras semejante proeza se creó un nuevo rango militar sólo para él, el de Generalísimo

 Suvórov y sus hombre atravesando Los Alpes

Suvórov y sus hombre atravesando Los Alpes

Pero Suvórov ya era mayor, contaba con 70 años, y posiblemente la dureza de esta última hazaña le pasó factura, fallecería el 18 de mayo de 1800 en San Petersburgo. Muriendo así el gran general ruso que jamás pudo ser doblegado en las más de 60 batallas en las que llegó a participar.