Las Mujeres son Guerreras (XV): María Castaña, la rebelde

Hablar de los Tiempos de Mariacastaña es una expresión para referirse a algo que ocurrió hace mucho tiempo. ¿Pero de dónde viene esta frase que hasta utilizó Cervantes en sus Novelas Ejemplares? Pues todo apunta a un personaje real que vivió en el siglo XIV y se enfrentó a la Iglesia de su ciudad.

En el año 1386, en el reino de Galicia se vivían tiempos un poco convulsos, tras la victoria de Enrique II de Trastámara sobre Pedro I, al que los nobles gallegos apoyaron, el equilibrio de poder en la zona cambió radicalmente. Ante la llegada de los castellanos, los nobles gallegos apoyan al rey de Portugal, Fernando I, pero este no puede con Enrique II y vuelve a su reino, los gallegos, aún no lo suficientemente derrotados, buscan un nuevo señor, y lo encuentran en el príncipe inglés Juan de Gante, marido de Constanza, la hija de Pedro I, pero este, al no poder derrotar a los Trastámara, firma con Juan I, el hijo de Enrique II, la paz y se retira, dejando a Galicia en manos de los reyes castellanos.

 Retrato de Juan I de Castilla

Retrato de Juan I de Castilla

Tras la guerra, los nuevos señores se asientan y empiezan a pedir nuevos impuestos para compensar todas las pérdidas sufridas en estos tiempos revueltos.

Y a Lugo llegó un nuevo señor, un nuevo obispo que se hizo cargo de la catedral de Lugo, y por un antiguo acuerdo, pasó a ser también el señor de la ciudad, era Pedro López de Aguiar, que decidió subir los impuestos. Y ahí entra en escena María Castaña, que vivía con su marido Martín Cego en O Couto de Cereixa, actualmente en el municipio de A Pobra do Brollón, en las tierras de Lemos, dependientes del señorío de Lugo, que controlaba el obispo. Los nuevos impuestos, evidentemente no gustaron y estalló una revuelta contra el obispo, que encabezó María Castaña, ya que estos impuestos hundían un poco más la ya de por sí, inestable economía de la zona. Se elevaron protestas, pero estas no surtieron efecto, así que decidieron pasar a la lucha.

 Retrato de María Castaña realizado por María Presas para o Álbum de Mulleres

Retrato de María Castaña realizado por María Presas para o Álbum de Mulleres

En la recaudación, al obispo lo representaba su mayordomo, Francisco Fernández, que junto con el resto de los hombres de armas del obispo se dedicaba a ir casa por casa a recoger los impuestos. Esto desembocó en una revuelta en toda la zona, que María Castaña acaudilló, no estaban dispuestos a obedecer a otro nuevo noble más con pretensiones, por mucho que este fuera obispo. ¿Y qué pasó? Que se lió parda. Aunque no está documentado, parece que hubo una serie de enfrentamientos entre los hombres del obispo y los rebeldes, que llegaron a las armas, es muy posible que incluso hubiera alguna muerte, pero sólo quedó registrada una, por su importancia, la de el mayordomo del Obispo, Francisco Fernández, que murió a hierro por los hijos de María Castaña, Gonzalo y Alfonso.

Se ve que esto fue el punto culminante de la revuelta y que de alguna forma, después de esto, se vino abajo. Parece que María Castaña llegó a un acuerdo con el obispo, puede que para salvar a sus hijos, y junto a su marido firma un documento en el que entregan todas sus posesiones en Couto de Cereixa y en otros lugares, además de una multa económica de 1000 maravedíes, a la Iglesia, que pasará a administrarlos. Este documento se conserva en la Catedral de Lugo y está recopilado en el libro de María José Portela Silva, Documento da Catedral de Lugo, siglo XIV del 2007.

 La Catedral de Lugo en la actualidad, foto de Diego Delso

La Catedral de Lugo en la actualidad, foto de Diego Delso

¿Y qué pasó con María Castaña? Pues desaparece de la historia, olvidada como tantas otras mujeres, quedando como una referencia a ella la expresión antes nombrada…