Enrique IV de Francia, el Viejo Verde

Enrique IV, primer rey Borbón de Francia, accedió al trono por una jugada del destino ya que estaba muy lejos de la sucesión, y a pesar de que al principio tuvo graves problemas, terminó convirtiéndose en uno de los monarcas más admirados de la historia de Francia, y a la postre, en el inductor de una expresión muy conocida: Ser un viejo verde.

Hijo de la reina de Navarra, Juana de Albret y del Duque de Vendôme y Borbón, fue educado en el protestantismo y participó en las Guerras de Religión francesas, que llevaban años partiendo a la sociedad del país. Tras la paz de Saint Germain en 1562, Catalina de Medici, la madre del rey Carlos IX, decidió casar a su hija Margarita con Enrique para buscar una unión entre los católicos y los protestantes.

 El susodicho

El susodicho

Pero algo ocurrió durante las celebraciones de la boda, puede que fuera el papa Gregorio XIII, que no autorizaba la boda, o de la propia Catalina, pero de alguna forma el pueblo de París se convulsionó por la situación y estallaron revueltas, ocasionando la llamada Matanza de San Bartolomé, donde murieron cientos de protestantes hugonotes, Enrique se salvó por intervención directa del rey, pero muchos otros nobles hugonotes murieron. En cuanto pudo escapó de la corte francesa y se refugió en Navarra, poco después heredó el trono de Navarra tras la muerte de su madre.

Enrique no quería saber nada más de Francia, pero el destino se interpuso, a Carlos IX lo sucedió su hermano, Enrique III, y ante la falta de herederos viables y con una ley sálica que impedía reinar a las mujeres, Enrique de Borbón era el único candidato. Al final hubo entendimiento entre los dos Enriques, pero la nobleza católica estaba completamente en contra y no lo aceptaba.

 Catalina de Medici

Catalina de Medici

Enrique III muere asesinado en 1589 y aunque Enrique es el heredero, los católicos se niegan a aceptarlo y ponen a su propio rey, Carlos X, y se inicia una nueva guerra de religión, pero ante la más que posible intervención del todopoderoso rey de España, Felipe II, los franceses buscan una solución y Enrique, tras abjurar de su religión y ser bautizado como católico, sube al trono de Francia como Enrique IV, para la historia quedará su frase: “París bien vale una misa”.

Asciende al trono en 1594, convirtiéndose en el primer Borbón en ser rey de Francia, empezando una reforma de la administración y acabando con los problemas religiosos franceses con una nueva política de tolerancia, consiguiendo además importantes pactos con enemigos, sobre todo con España, su gran antagonista, y aliados y consolidando su poder y el de Francia.

Pero aún así la nobleza, sigue sin mostrarle respeto, así que Enrique, que ya estaba demostrando de lo que era capaz, los convoca a todos para una celebración, en el llamado Puente Nuevo, que une el palacio del Louvre con la Isla de la Cité. Los nobles al llegar ven como todo está dispuesto para la celebración, y Enrique enseguida empieza a pedir brindis por todo tipo de cosas, al poco tiempo, los nobles se dan cuenta de que sólo hay vino y no hay nada que llevarse a la boca para acompañarlo, los nobles no pueden negarse a brindar y beber porque sería una falta de respeto demasiado grande, así que se ven obligados a seguir brindando y bebiendo hasta acabar borrachos, cayendo a los pies de Enrique, y postrándose ante él como antes se negaban. Enrique, sabiéndose ganador, pero también queriendo que no se les olvide esta situación, manda a su escultor que tome bocetos de todos los nobles borrachos y decide crear estatuas de sus cabezas en esa situación tan apurada y colocarlas en el mismo puente, para que así el pueblo francés y los mismo nobles no se olvidaran de quien mandaba aquí.

 El Puente Nuevo con las caras de los nobles borrachos talladas

El Puente Nuevo con las caras de los nobles borrachos talladas

Fue un monarca amado por su pueblo, y la nobleza no volvió a darle problemas, consiguiendo gran estabilidad en el país. Así que de mayor podía dedicarse a otros placeres, cuentan las malas lenguas una historia difícil de demostrar, pero muy ilustrativa, que era muy asiduo a un pequeño parque que existe en la punta de la Isla de la Cité, donde antiguamente se encontraba el lugar donde se quemó en la hoguera al último Gran Maestre, Jacques de Molay. En ese parque pasaba las horas, vestido de verde, color que decía que le favorecía enormemente, y que casualmente también lo ocultaba entre los árboles y setos del parque, disfrutando del día en la compañía de chicas jóvenes, muchas veces muy jóvenes. Este chismorreo llegó a oídos de la Corte española, donde era muy poco querido, que empezaron a llamarle despectivamente el Viejo Verde.

Enrique moriría asesinado en 1610 por un fanático religioso católico, demostrando que la herida de las Guerras de Religión aún no estaba cerrada, su hijo Luis XIII lo sucedería en el trono.