Los Borbones, ¡qué bribones! (III): Carlos III

Carlos III fue el tercer hijo de Felipe V que llegó a gobernar. Posiblemente el menos malo de los reyes borbones, su continua preocupación por la cultura y todas sus reformas, siendo el paradigma español del Despotismo Ilustrado, consiguieron mejorar la vida en un reino de capa caída, pero no todo fueron cosas buenas, y es en lo que nos vamos a centrar

Carlos, llamado el Político o el Mejor Alcalde de Madrid, nació en 1716, tercer hijo varón de Felipe V y primero de Isabel de Farnesio (aunque los rumores de la época apuntaban a unos buenos cuernos de Isabel a Felipe), fue, sin duda, el favorito, él no tuvo nunca problemas de abandono como sus medios hermanos ni desarrolló ninguna compulsión ni locura como venía pasando. Con 18 años sus papás le regalaron el Reino de Dos Sicilias, en Italia, que, siendo justos, gobernó bastante bien. Allí se casó con María Amalia de Sajonia, también se diferenció de sus hermanos con un matrimonio dichoso y feliz, llegando a tener 13 hijos.

 María Amalia de Sajonia

María Amalia de Sajonia

Y en 1759 su hermano Fernando VI muere loco y sin descendencia, convirtiéndose de esta forma en el cuarto rey Borbón, con el nombre de Carlos III. Desgraciadamente para él, su esposa murió solo un año después, él no se volvió a casar y dejó para el recuerdo una frase que define perfectamente su matrimonio: “En 22 años de matrimonio, éste es el primer disgusto serio que me da Amalia”. Carlos III era un hombre de costumbres simples y hábitos llanos, su corte, sin duda, fue de las más aburridas y con menos pompa de Europa.

Fue un gran reformador, pero no todo le salió bien, sobre todo en todo lo derivado de la guerra. En 1761 se implicó en la Guerra de los Siete Años, apoyando a Francia, resultado: paliza de Gran Bretaña y la entrega de la Florida y el golfo de México. En 1775 quiso invadir Argel, y otro fracaso estrepitoso. En 1779 quiso volver a probar suerte contra los ingleses, esta vez ayudando en la Guerra de Independencia de EEUU, pensando que sería una buena forma de intentar recuperar Gibraltar, por lo que montó un enorme asedio al peñón, que fue un auténtico fiasco, ya que los ingleses lo rompieron por mar todas las veces que les hizo falta, hundiendo gran cantidad de barcos para traer provisiones hasta la firma de la paz en 1783.

Pero no fue la guerra, si no sus reformas, las que provocaron el episodio más oscuro del reinado de Carlos III, en 1766 estalló en Madrid el Motín de Esquilache, llamado así por el ministro del rey, el italiano Marqués de Esquilache. La excusa del levantamiento fue la orden de prohibir la capa larga y sombrero de ala ancha que estaba de moda, por su facilidad para ocultar armas, a la que la gente se negó, provocando un enorme levantamiento en Madrid y otras ciudades. Realmente el auténtico motivo fue otro, las reformas, muy propias del Despotismo Ilustrado, pretendía traer la prosperidad, pero muchas de ellas afectaban directamente al bolsillo del pueblo, la liberación del mercado de harina hizo subir tanto los precios que era casi imposible comprar pan, alimento básico, empezando incluso a haber hambruna, también la instalación de miles de farolas de alumbrado por Madrid, que pretendían hacer la ciudad menos peligrosa por la noche, tenían que ser mantenidas por los propios vecinos, haciendo que el precio del aceite y el sebo se disparara. Esto unido a lo de la ropa, que se entendía como una imposición de un ministro extranjero (Carlos III se había traído muchos de Italia) y una guardia extranjero, la Valona, formada por holandeses, traída a España por Felipe V, y el azuzamiento por parte de los jesuitas, agraviados por la política eclesiástica de Esquilache. El motín movilizó a miles de personas, que asaltaron diversos edificios públicos y se manifestaron delante del palacio real, Carlos III, cagadito de miedo, y aconsejado por sus ministros españoles, los extranjeros querían mandar al ejército contra la gente, cedió a las peticiones y modificó las leyes, y Esquilache abandonó el país. Más tarde, cuando se demostró su autoría, los jesuitas fueron expulsados de España como venganza por parte del rey.

 El Motín de Esquilache, cuadro atribuido a Goya

El Motín de Esquilache, cuadro atribuido a Goya

A pesar de todo, a Carlos III le aborrecía el mando, sobre todo si iba acompañado de cualquier tipo de ostentación o recital, no le gustaba nada vestir de etiqueta y menos de militar, donde era realmente feliz era cuando se iba de caza, hasta el punto de crear un auténtico holocausto cinegético en la Sierra de Madrid, quizás también para desfogar un poco sus ansias, tras su autoimpuesto celibato a la muerte de su esposa.

 Carlos vestido de cazador, por Goya

Carlos vestido de cazador, por Goya

Carlos muere en 1788 pasando el trono a su heredero Carlos, el segundo varón, el primero, Felipe, quedó excluido ya que era muy muy deficiente mental incluso para los estándares reales, aunque Carlos IV tampoco demostraría gran inteligencia, pero de eso hablaremos para el mes.