Los Borbones, ¡qué bribones! (II) Fernando VI

Seguimos la historia de los primeros borbones españoles, que por cosas del destino, tres hijos del primer Borbón, Felipe V, reinarían, esta es la historia del segundo de ellos.

Fernando nació en 1713, el menor de los hijos de la primera esposa del rey, María Luísa Gabriela de Saboya, que moriría al poco de nacer él. El rápido casamiento de su padre con Isabel de Farnesio, con la que tuvo 6 hijos más, dejó en el más absoluto ostracismo y desamparo al joven infante. Isabel de Farnesio se dedicó a confabular y mediar para conseguir los mejores favores para sus hijos mientras que Fernando, que no tenía apenas contacto directo con su padre, tenía que escribirle cartas para relacionarse con él.

 Fernando de chaval

Fernando de chaval

Tras la muerte de Luis I y el nuevo ascenso al trono de Felipe V, el aislamiento de Fernando aumentó exponencialmente, Farnesio no se quería arriesgar a que su marido abdicara en su ahora hijo mayor y perdiese el control del reino. Afortunadamente para Fernando, lo casaron con la princesa portuguesa Bárbara de Braganza, que compartiría su encierro casi forzado durante todos los años que fue Príncipe de Asturias.

En 1746 muere Felipe V y Fernando sube al trono, una de sus primeras medidas es darle la patada a su madrastra, a la que destierra a La Granja de San Idelfonso, quitándole todo el poder. Fernando VI, llamado el Justo, pasó de guerras y consiguió cierta neutralidad con Francia e Inglaterra. Pero ni tan justo era ni tan pocas ganas tenía de ver sufrimiento, ya que lo dejó todo para los gitanos.

 La reina por Jean Ranc

La reina por Jean Ranc

La Gran Redada, autorizada por Fernando y ejecutada por su favorito, el Marqués de la Ensenada, empezó en 1749. Cabe destacar que ya desde hacía siglos los gitanos suponían un problema para los reyes españoles, que ya los habían mandado a galeras y los habían reubicado aquí y allá. El plan suponía una enorme coordinación de un montón de tropas, cuyos jefes debían abrir las instrucciones en un momento determinado y ejecutarlas: había que cazar a todos los gitanos, separar a los hombres de las mujeres y niños y mandarlos a campos de trabajo, donde trabajarían hasta morir, vamos lo que es una matanza eugenésica en toda regla.

El plan se llevó a cabo más o menos bien, y unas 9000 personas fueron arrestadas, demasiados para poder gestionarlo bien y empezaron los problemas para reubicarlos, además, como no quedó muy claro a quien considerar gitano exactamente (una ley anterior prohibía el uso de la palabra) se tuvieron que abrir numerosas causas que ralentizaron el proceso. El lio que se montó fue monumental, muchos de los “gitanos” encarcelados eran parte importante de sus comunidades y los soltaron, el caos era total y las reclamaciones ya de todas partes, incluidos los militares que tenían que vigilar a los presos, hizo que al final todo el esfuerzo no valiese de nada, lo único que se consiguió fue que los gitanos que se esforzaban por integrarse se sintiesen gravemente traicionado. El  indulto final  para los pocos que quedaban encarcelados llegó en 1763 ya con Carlos III en el poder.

 Tumba de Fernando y Bárbara en la iglesia de Santa Bárbera

Tumba de Fernando y Bárbara en la iglesia de Santa Bárbera

Y la locura parece que nunca estaba muy lejos de estos primeros borbones, en 1758 Bárbara de Braganza muere tras una larga enfermedad, lo que provoca que a su destrozado marido (estaban muy unidos tras tantos años encerrados en casi soledad) se le vaya la pinza del todo: dejó de hablar de comer y de ducharse (como su padre), se dedicaba a morder a todo el mundo, intentó suicidarse en numerosas ocasiones, fingía estar muerto o se envolvía en una sábana e iba haciendo de fantasma por su residencia… Sus sirvientes y los guardias reales debieron pasarlo genial, vamos. Lo más probable es que sufriera una depresión psicótica o un trastorno bipolar, incluso puede que la muerte de su esposa acelerase algún problema neuronal que lo llevó a la demencia. Afortunadamente para todos tampoco duró mucho, un año después de la muerte de su esposa moría Fernando VI el Justo, que fue enterrado junto a ella.