El Rey Lobo, el señor de Murcia

A mediados del siglo XIII, la zona sur de la península se encontraba en manos musulmanas, pero tras el empuje cristiano y diferentes crisis internas se encontraba dividida en los llamados Segundos Reinos de Taifas, pero la llegada de los almohades, unos bereberes marroquís muy fundamentalistas, iba a volver a unificar Al-Ándalus, pero no todo el mundo árabe estaba de acuerdo con esto, entre ellos destaca el señor de la taifa de Murcia, el llamado Rey Lobo.

Muhámmad ibn Mardanix, cuyo mote, Rey Lobo, fue puesto por los cristianos, nacido en 1124, era miembros de una importante familia de muladíes que ocuparon puestos militares importantes. Ibn Mardanix empezó como gobernador de Fraga en Huesca, para después ser gobernador de Valencia. Sobre el año 1147 consigue el poder efectivo sobre Xarq al-Ándalus (la parte oriental de Al-Ándalus, lo que sería, más o menos, Murcia y Valencia) liberándose del control del decadente gobierno almorávide y nombrándose emir, poniendo su capital en la ciudad de Murcia. Se apoyó mucho en tropas mercenarias cristianas de Castilla y Aragón.

 La expansión almohade

La expansión almohade

Pero ibn Mardanix se encontró con un nuevo rival, los almohades llegados de África que sustituyeron a los ya incapaces almorávides, con los que se disputó el terreno, llegando a expandirse en los primeros años, llegando hasta Jaén. Ibn Mardanix necesitaba aliados para seguir luchando con los almohades y los encontró en los cristianos, firmó parias (tributos) con el último conde de Barcelona y príncipe de Aragón, Ramón Berenguer IV, y con su hijo, el rey aragonés Alfonso II, que le enviaron mercenarios con asiduidad. 

 Alfonso II de Aragón

Alfonso II de Aragón

Ibn Mardanix no era especialmente religioso y le gustaban bastante la buena vida, por lo que la llegada de los ultrarreligiosos y fundamentalistas almohades no le hizo ninguna gracia.

Durante su reinado, Murcia se convirtió en una ciudad muy importante y prospera, donde fomentó el comercio y la artesanía gracias a sus pactos con genoveses, además construyó unas enormes murallas que le durarían a la ciudad hasta entrada la Edad Moderna. 

A pesar de todo, fue perdiendo terreno poco a poco, una parte a mano de los cristianos aliados con él, que le arrebataron algunos territorios, pero sobre todo a partir de 1165, con un renovado esfuerzo almohade para acabar con él, derrotándolo en el valle de Guadalentín, ibn Mardanix tuvo que retirarse al interior de la amurallada Murcia, mientras el ejército almohade destruye todo a su antojo, incluida la residencia favorita del emir, conocida en la actualidad como el Castillejo de Monteagudo.

Desde 1169, ibn Mardanix empezó a perder el favor de sus aliados, quedándose solo y fue perdiendo terreno poco a poco, para 1171 ya no tenía ni aliados ni posesiones más allá de Murcia.

 Restos del Castillejo de Monteagudo

Restos del Castillejo de Monteagudo

Cuando lo único que quedaba era intentar pactar con los almohades, ibn Mardanix fallece el 28 de marzo de 1172, su hijo Hilal, aconsejado por su padre antes de morir, se rinde a los almohades y se declara su vasallo, consiguiendo salvar la ciudad y quedándose él como gobernador supeditado a sus antiguos enemigos, de esta forma consigue salvar la ciudad que tanto quería su padre. Su muerte también supuso el fin de los pactos con los cristianos, Alfonso II no tardó nada en poner su mirada en Valencia y lanzar los primeros ataques, chocando con los nuevos señores de la zona, un paso más de la reconquista.