Todas la vidas de Jack el Destripador (y III)

Y terminamos de repasar a los supuestos posibles asesinos en el Londres Victoriano. La lista es enorme y hay muchas más garantías de que sigan apareciendo nuevos sospechosos que de resolver algún día el crimen más famoso del mundo.

Hay un caso que resalta por cómo fue tratado por la propia Scottland Yard, es el de Francis Tumblety, este charlatán americano había viajado a Londres en más de una ocasión, vendiendo sus supuestas medicinas a cualquier pardillo, además parece destacar que odiaba a las mujeres, especialmente a las prostitutas. Todo apunta a que era homosexual y que fue arrestado por eso en la época de los asesinatos, recordad que en ese época ser gay era delito, pero puesto en libertad bajo fianza, pero decidió escapar y volver a los EEUU, y aquí empieza lo extraño, la policía londinense mandó a uno de sus mejores agentes detrás de él por un crimen menor, pero aunque la policía americana colaboró con él, parece que no quisieron extraditarlo sólo por el delito menor por el que se le había juzgado. Pruebas recientes parecen indicar que Scottland Yard creía que él era Jack y por eso lo persiguió hasta el otro lado del Atlántico, intentando repara el hecho de que lo dejaran escapar. Tumblety murió en Missouri en 1903 sin que se llegara a saber si realmente estaba implicado en el caso.

 Dibujo de Francis Tumblety

Dibujo de Francis Tumblety

Carl Feigenbaum era un marino mercante alemán condenado a la silla eléctrica en EEUU por haber degollado a su casera. No es hasta su muerte en 1896 cuando se le relaciona con Jack, y es su propio abogado defensor quien indica que estaba seguro de que su antiguo cliente era el asesino de prostitutas. Esta declaración dio paso a investigaciones más modernas, que no solo lo señalan como Jack el Destripador, sino como el asesino de un montón de mujeres más en EEUU, Inglaterra y Alemania, aduciendo que el hecho de ser marino hacía que se pudiera desplazar tanto. Pero la falta de un perfil común entre la víctimas y que algunas parecen inventadas por la prensa de la época hace que muchos investigadores no den veracidad a esta teoría.

Robert D’Ontson Stephenson era un loco y un charlatán que entraba y salía del Hospital de Whitechapel y que estaba obsesionado con la magia negra, llegó a tener cierta fama como ocultista. Cuando ocurrieron los crímenes empezó a decir que sabía quién era el asesino e incluso llegó a dejar caer que era él mismo. Intentó cobrar la recompensa que se ofrecía sobre la identidad de Jack, pero nadie le creyó, y a la vez fue acusado por otras personas de ser el asesino. Durante un tiempo fue bastante famoso por todo esto, pero al final se fue olvidando y quedó todo en nada. Algunos investigadores modernos quieren verlo como Jack el Destripador, sobre todo uniéndolo a la teoría de que los asesinatos eran parte de un complejo plan satanista, lo que al final les resta cualquier credibilidad.

Según el Discovery Channel, Jack el Destripador fue James Kelly, un tipo que estaba recluido en un psiquiátrico por el asesinato de su mujer y que en 1888 se escapó. Estuvo casi 40 años escapado hasta que volvió en 1927, moriría a los dos años, no sin antes escribir unas memorias. En ellas deja relucir su odio hacia las prostitutas y por la fecha en la que comenzaron los asesinatos él estaba escondido en Londres. Para el canal de televisión, este dato, junto con el hecho de que después se marchó a EEUU y allí se produjo otro crimen de una prostituta igual que los de Londres en 1891, y con aviso a un periódico local indicando que se iba a producir un asesinato en nombre del famoso asesino, al que también achacan a Kelly, es suficiente garantía para marcar a James Kelly como Jack el Destripador.

 James Kelly de joven y cuando volvió al hospital

James Kelly de joven y cuando volvió al hospital

Y este es el final del repaso a toda una suerte de personajes, cada cual más loco y extraño, que pudieron ser o no, el asesino más famoso de todos los tiempos, al que, lamentablemente, es muy poco probable que conozcamos su verdadera identidad algún día.