Están Locos estos Romanos (VII): Heliogábalo, el emperador transexual.

Están Locos estos Romanos (VII): Heliogábalo, el emperador transexual.

Tras la muerte de Caracalla, su tía, Julia Mesa, conspiró para conseguir que su nieto fuera considerado su sucesor y tras una pequeña revuelta puso en el trono, con solo 14 añitos, a Marco Aurelio Antonino Augusto (los romanos, en cuanto a nombres de emperadores no eran muy originales…), conocido para la historia como Heliogábalo, ya que de chaval fue sacerdote del dios El-Gabal, una deidad solar siria. Tanto Julia Mesa como Julia Soemia, su madre, consiguieron gran poder y, teóricamente, mover los hilos desde la sombra.

Busto de Heliogábalo, aquí iba sin depilar

Busto de Heliogábalo, aquí iba sin depilar

Ya, al poco de empezar, consiguió poner nervioso al Senado romano, al decidir sustituir la adoración a Jupiter por la del Deus Sol Invictus y colocarse a él mismo como su principal sacerdote.

Después ya se desató, su madre y abuela dejaron de poder contenerlo. Quiso que su amante Hierocles, fuese nombrado César, aunque no lo consiguió, pero lo trataba como si fuese su esposo y llegó a decir: “Estoy encantado de que me llamen la esposa, la amante y la Reina de Hierocles” y no sólo eso, sino que mantenía una relación de sumisión y humillación propia de cualquier película BDSM. Pero a pesar de todo, como Emperador, debía casarse (con una mujer) y eligió a Julia Aquilia Severa, el problema era que ella era una virgen vestal, perteneciente a una tradición religiosa anterior a la República Romana, que debía mantenerse virgen, bajo pena de muerte, pero a Heliogábalo se la trajo floja, y se casó igualmente con ella. Los romanos, tan devotos de sus dioses y tradiciones se escandalizaron y Julia Mesa tuvo que intervenir y romper el matrimonio, pero a Heliogábalo ya le daba todo igual y volvió a casarse con Aquilia Severa un año después.

Denario que representa a Julia Aquila Severa

Denario que representa a Julia Aquila Severa

Ya en pleno apogeo de su poder, y Heliogábalo le daba a todo, tenía amantes masculinos y femeninos, y según Dión Casio, se pintaba los ojos, se depilaba y usaba pelucas. Al poco empezó a prostituirse en tabernas y prostíbulos, pero como eso no debía ser suficiente, lo empezó a hacer por palacio… Imaginaos que sois un funcionario imperial y estáis haciendo vuestro trabajo y al pasar por una habitación  veis al Emperador de Roma, maquillado y con peluca que os susurra que os dará placer… Teniendo en cuenta que si decían que no, el Emperador podía matarlos, la situación se volvía, cuanto menos, curiosa. Además, para no sentirse sólo, llenó el palacio de prostitutas, con las que discutía cual era la mejor postura o la mejor forma de chupar esto o aquello.

De amantes, como dijimos, iba sobrado, al parecer los reclutaba por todo el Imperio, buscando sobre todo, que tuvieran una buena herramienta entre las piernas. Aurelio Zótico, otro amante que consiguió gran poder, destacaba por eso precisamente.

Se cuenta que intentó llevar su travestismo al siguiente nivel, y buscó a los mejores médicos del Imperio para que lo convirtieran en mujer, prometiéndoles grandes sumas de dinero si eran capaces de trasplantarle una vagina. Por este motivo, aunque evidentemente no fue capaz de hacerlo, se le considera el primer transexual del que se tiene constancia en la historia, que oye, depravadillo era, pero estaba en todo su derecho en intentar cambiar de sexo.

Busto de Alejandro Severo

Busto de Alejandro Severo

Los soldados, y sobre todo los Pretorianos, empezaban a estar un poco hartos de todo esto. Julia Mesa se dio cuenta y decidió que era hora de sustituir a su díscolo nieto. Decidió que su otro nieto, Alejandro Severo, hijo de otra de sus hijas, era más fácil de manejar, así que consiguió que Heliogábalo lo nombrara sucesor. Pero el Emperador se dio cuenta de que algo pasaba y decidió quitarle las prerrogativas imperiales. Los pretorianos se revelaron y exigieron ver a los dos. Tanto Heliogábalo como Alejandro Severo se presentaron ante ellos, y los pretorianos ovacionaron al segundo. Heliogábalo, al sentirse tan denigrado, exigió sumisión y que arrestaran a todos, la reacción de los pretorianos no tardó, lo mataron junto a su madre, Julia Soemia, los despedazaron y lo arrojaron al río. Apenas tenía 19 años.  No sobrevivió casi ninguno de sus amantes y sobre él cayó una Damnatio