Están Locos estos romanos (III). Nerón, un poeta en la Corte Imperial.

Están Locos estos romanos (III). Nerón, un poeta en la Corte Imperial.

Nerón Claudio César Augusto Germánico, era hijo de Agripina, hermana de Calígula (y puede, aunque no es una teoría muy aceptada, hijo de Calígula), y la última esposa del anterior emperador, Claudio, prácticamente uno de los únicos supervivientes al reinado de su sobrino Calígula. Es probable que Claudio muriera envenenado por su esposa, que deseaba por encima de todo que su hija fuera emperador

Nerón ascendió a emperador con sólo 16 años. Básicamente el Imperio era llevado por su madre, su tutor Séneca y el Comandante de la Guardia Pretoriana, Sexto Afranio Burro. La administración del imperio fue excelente en esta etapa, pero enseguida empezaron a pelearse entre ellos, mientras Nerón, que se aburría empezó a follarse a todas las mujeres que se le pusieron por delante y disfrutar de los placeres de la vida. Al final, harto de no poder hacer lo que le diera la gana (más), echó a su madre del palacio imperial y empezó la verdadera juerga.

Mató a su madre, que seguía interponiéndose en sus deseos. Desterró a su mujer Octavia y se casó con Popea Sabina, esto provocó un montón de disturbios, y tuvo que dejar que volviera, pero ni corto ni perezoso la mandó asesinar. Muerto el perro…  Con el Senado no tuvo más que problemas y problemas.

Nerón y su arpa

Nerón y su arpa

Nerón, al que le apasionaban las artes, construyó teatros y gimnasios y organizó numerosos combates de gladiadores para tener contentas a las clases bajas. También se dedicó a componer y cantar en público, evidentemente, era siempre ovacionado, hasta tal punto llegó, que se presentó a los Juegos Olímpicos, donde ganó todas las competiciones a las que se quiso presentar, se ve que el resto prefería perder a arriesgarse a perder la cabeza…

Pero los problemas llegaron, junto con una crisis económica motivada por el precio del grano y la guerra con Partia, que Nerón trató de mitigar, se le unió un gran incendio en Roma. Al parecer se originó en los mercados cerca del Circo Máximo, donde vendían aceites y se extendió rápidamente. Nerón, que estaba fuera de la ciudad, volvió a toda prisa y organizó su extinción, pero se quemó una gran parte de la ciudad, incluidos barrios de prostitutas y artistas, que Nerón solía visitar. Aprovechando el enorme hueco que dejó el incendio decidió mandar construir un palacio, tan enorme que la mayoría de los emperadores posteriores decidieron ir desmantelándolo poco a poco para crear otros edificios (el Coliseo se construyó sobre un lago artificial que creó para resaltar la enorme estatua suya que puso allí, Coliseo viene de coloso, por la estatua, que como ya dije era pequeñita).

Aunque en el incendio se desvivió y ayudó todo lo que pudo, rápidamente empezaron a acusarlo de ser el culpable, así que buscó a quien echarle la culpa, y los cristianos (en esa época poco más que una secta radical) eran los blancos perfectos, y los echó a los leones (literalmente). Aun así, hay que decir que la mayoría de las historias de persecuciones de cristianos son inventos de siglos posteriores para justificarse históricamente. Gran parte de la leyenda negra de Nerón viene por esto, ya que bajo su gobierno murieron San Pedro y San Pablo.

Pintura que representa el incendio de Roma, como se ve, poca cosa

Pintura que representa el incendio de Roma, como se ve, poca cosa

Y como no puede ser de otra forma, empezaron los complots para asesinarlo, en uno estuvo implicado el sobrino de Séneca, y este fue empujado al suicidio por Nerón, que ya estaba harto de su antiguo tutor.

Al final provocó tanta inestabilidad que fue su ruina, el gobernador de la Galia se levantó contra él, con el apoyo de Galba, gobernador de Hispania, y a pesar de que Nerón lo derrotó, el Senado, harto de él, decidió nombrar emperador a Galba y actuar en contra de Nerón. Este, al verse sin aliados (la Guardia Pretoriana había sido comprada por el Senado) decidió escapar de Roma y suicidarse, esgrimiendo para la posteridad unas últimas palabras geniales: “¡Qué gran artista muere conmigo!”

Y con su muerte, la dinastía fundadora del Imperio, la Julio-Claudia, llega a su fin tras 5 emperadores, de los que 3 de ellos fueron unos buenos colgados.