Ambrosio Spínola, el gran militar

En el contexto de la interminable guerra de Flandes, destacaron numerosos personajes, batallas y situaciones desesperadas. Pero hay un militar que destaca sobre los demás, Ambrosio Spínola, seguramente el mejor líder de los Tercios que tuvo España.

La familia Spínola era una noble y adinerada familia genovesa que trabajaba en el interés de la Corona Española. Tras un enfrentamiento con la familia rival de los Doria, en 1602, Ambrosio, ferviente católico,  decidió marcharse para buscar fortuna como soldado en Flandes como condotiero, al frente de mil hombres pagados de su bolsillo. Para 1604 ya tenía la confianza de España y ya había rendido la plaza de Ostende, tenía 35 años.

Después fue llamado por Felipe III a Valladolid, a la corte, para ser nombrado Comandante en jefe de Flandes. Volvió a Flandes, donde siguió victorioso, ganando bastantes asedios para el rey, a costa de vencer a las tropas de Mauricio de Nassau.

 Spínola por Rubens

Spínola por Rubens

Pero como siempre pasa, los buenos soldados no tienen buenos reyes, y habiendo gastado todo su dinero para adelantar los pagos de las tropas para mantenerlas en Flandes se arruinó, la Corona solo puso excusas para no pagarle y mantenerlo lejos de España.

En 1609, tras la firma de la Tregua de los 12 años, continuó en Flandes, desarrollando su labor exitosamente y tomando parte en todos los conflictos que fueron surgiendo.

 Dos años después le fue otorgado el título de Grande de España, poco consuelo ante su total bancarrota. Pero su carrera militar continuó.

Luchó en la guerra por la Crisis de sucesión de Juliers-Cléveris, estado tapón entre España y los Paises Bajos, donde volvió a ganar, tomando sin luchar la ciudad de Aquisgrán.  Más tarde, durante el conflicto de la Guerra de los 30 años, conquistó parte del bajo Palatinado, ascendiendo a Capitán General.

 Pintura del Asedio de Aquisgrán

Pintura del Asedio de Aquisgrán

Para 1621, luchando otra vez contra Holanda, consiguió su mayor victoria, la toma de Breda, tras un asedio de un año. La ciudad estaba defendida por 14.000 soldados, liderados por Justino de Nassau. Los holandeses intentaron romper el asedio tanto por dentro como por fueron, pero Spínola mandó levantar todo tipo de trincheras, minas y fortificaciones para impedir la salida de los defensores y la ayuda exterior, atacando además a las tropas de Mauricio de Nassau para impedir que reabastecieran la ciudad. Durante el asedio se dieron grande momentos de lucha, como cuando poco más de 500 soldados españoles aguantaron un ataque de un ejército de ingleses y daneses de 8000 hombres, defendiéndose desde una colina. Al final, Justino de Nassau tuvo que entregar la ciudad, momento inmortalizado en el famoso cuadro de Velázquez* (nuestra portada).

 Ramón Langa como Spínola en el Ministerio del Tiempo

Ramón Langa como Spínola en el Ministerio del Tiempo

Pero al final todo su esfuerzo quedó en nada, la bancarrota del estado, sumado a la antipatía del valido del nuevo rey, Felipe IV, el Conde Duque de Olivares, dejó a Spínola sin casi acciones, los holandeses se recuperaron y conquistaron Groll, muy próximo a Breda. Olivares le echó la culpa y Spínola renunció al mando en Flandes y volvió a España.

En 1629 fue enviado al Milanesado para luchar en la Guerra de Sucesión de Mantua, pero allí, ignorado por el rey, ninguneado por Olivares y acosado por las deudas, su salud se resistió y murió en la más absoluta desgracia, mientras murmuraba “Honor y reputación, honor y reputación…”. Y así pagó el Reino de España a uno de sus mejores generales, con el oprobio y el olvido.