Me pareció ver un lindo gatito

Nos encantan los gatos, es uno de los animales de compañía favoritos desde hace miles de años, pero a diferencia de los perros, los gatos son pequeños asesinos silenciosos a medio domesticar a los que adoramos.

Parece que los gatos llevan viviendo de nosotros desde hace unos 9500 años y que los egipcios pudieron domesticarlos hace unos 4000 años para ayudarlos a mantener los edificios libres de ratas y ratones que pudieran comerse la comida almacenada o traer enfermedades. Con los egipcios los gatos lo pasaron bien en general, eran adorados como dioses e incluso estaba prohibido hacerles cualquier tipo de daño e incluso la diosa Bastet (la diosa del hogar y la felicidad) tenía cabeza de gato. Cuando un gato familiar moría la gente de su hogar se afeitaba las cejas en señal de duelo. En algunas tumbas se han llegado a encontrar cientos de gatos momificados, lo que demuestra el gran respeto que les tenían. Se cuenta que el rey persa Cambises II, en un asedio a la ciudad egipcia de Pelusio ató a gatos a los escudos de sus guerreros (¡pobres mininos!), los egipcios prefirieron rendirse a hacerles daño.

 Representación de Bastet

Representación de Bastet

Tanto los griegos como los romanos no le tenían gran aprecio, a pesar de que los griegos los introdujeron como un animal de compañía para las clases altas, para cazar ratones preferían usar comadrejas y otro animales similares.

Su introducción en Asia a través del comercio fue todo un éxito, a partir del año 1000 a.c. aparecen gatos en China y de ahí al resto de Asia,  por norma general está considerado un animal que atrae la buena suerte y es adorado por su capacidad cazadora.

Y llegamos a la gran época oscura para los gatos, la Edad Media, aunque en principio seguían siendo considerados por su capacidad para cazar ratones y evitar plagas como la peste, poco a poco la liturgia católica empezó a relacionarlos con el mal, el diablo y las brujas. La ignorancia de la época unida al comportamiento felino, en el que los católicos veían un montón de pecados capitales, los condenó. Durante siglos fueron sacrificados en fiestas populares y tirados a las hogueras como ritual en la noche de San Juan. Puede que una de las causas de la peste negra del siglo XIV fuera la ausencia de gatos para cazar las ratas que la introdujeron.

En cambio, el Islam siempre fue benigno con los gatos, Mahoma tenía una gata, Muezza, a la que adoraba, por eso está prohibido hacerles daño en el mismo Corán.

Hasta el Renacimiento no se acabó con esa mala fama del gato, aunque en parte aún pervive, como la supersticiones que aún quedan de ellos, cuando se prohibió que se quemara en las hoguera y se volvió a usar para cazar en las casas negocios.

 Clasificación de Carl von Linneo de los gatos en el siglo XVIII

Clasificación de Carl von Linneo de los gatos en el siglo XVIII

Ya en una época más moderna, el gato fue más apreciado. Una vez se supo que las enfermedades eran producidas por microorganismos se dejó de culpar a las brujas (y a los gatos) de transmitirlas, una vergüenza acusar de enfermedades a uno de los animales más limpios que uno puede encontrarse. Poco a poco se fue introduciendo en el resto del mundo, incluso llegando a provocar extinciones de animales que no tenían depredadores y llegando a ser una plaga en otros sitios, aunque en general fue bien recibido. Se usaban mucho en los barcos de largas travesías, para evitar que las ratas y ratones se comieran la mercancía.

A partir de finales del siglo XIX se empieza la selección y aparecen nuevas razas, a principios de siglo XX, de las 4 o 5 razas conocidas se fueron desarrollando otras hasta llegar a las cerca de cien actuales.

Aunque lleva mucho con nosotros, sigue siendo el mismo animal de siempre, cazador y perezoso, bipolar y nervioso, capaz de darte los mejores mimos (cuando quiere), a pasar de ti completamente, pero al final siempre es el Rey, quizás no de la sabana, pero sí de nuestras casas.