Gilles de Rais, un Caballero de los que ya no queda (y menos mal…)

Gilles de Rais, un Caballero de los que ya no queda (y menos mal…)

Gilles de Montmorency-Laval, barón de Rais, fue un importante noble francés, hijo de una de las familias más ricas de Francia, muy destacado durante la guerra de los 100 años contra Inglaterra (1337-1453, si, no son 100 años...), se llegó a convertir en uno de los generales más importantes y en el brazo derecho y guardaespaldas de la mismísima Juana de Arco. Pero guardaba un secreto muy oscuro, posiblemente debido a una psicopatía o una esquizofrenia muy graves.

Aquí... posando.

Aquí... posando.

Destacó siempre en el plano militar por luchar con más fuerza y ganas que el resto, matar no era para él una preocupación, más bien todo lo contrario, y así se fue labrando una provechosa carrera. Con Juana de Arco encontró el culmen de sus deseos homicidas, luchó y defendió a Juana un buen montón de veces, a la vez que se regodeaba en su fe al estar al lado de una iluminada por dios como era Juana. Lamentablemente, cuando Juana fue secuestrada y quemada viva todo se acabó para él, intentó salvarla, pero le fue imposible, y al poco tiempo perdió el favor real, así que se refugió en uno de sus castillos, donde su personalidad más oscura surgió de una forma terrible.

Se rodeó de los lujos más caros, sobre todo a nivel musical, adoraba hasta la extenuación el canto gregoriano. En su castillo se podían disfrutar de todos los placeres, la puerta de su mansión estaba siempre abierta, y cualquiera podía disfrutar de sus lujos. Adoraba las obras de teatro y se gastó su fortuna en costosas representaciones.

Hasta que se quedó casi sin nada, en bancarrota buscó en la alquimia la solución de sus problemas intentando crear oro, se rodeó de brujos, nigromantes y demás ralea hasta que cayó en la magia negra. Empezó a realizar rituales satánicos y alquimistas con el resto de su banda mezclado con orgías, sobre todo homosexuales, y poco a poco fue cayendo en la más absoluta locura hasta el punto que el príncipe de Francia, el futuro Luis XI fue a darle un toque de atención por sus correrías, pero todo en vano, la cosa uno de ellos le dijo que para librarse del demonio que tanto lo acosaba debía rendirle tributo de sangre de niños…

Vincent Cassel lo interpretó en la película de Juana de Arco de Luc Besson

Vincent Cassel lo interpretó en la película de Juana de Arco de Luc Besson

Junto con su cuadrilla de malhechores empezó a reunir niños, al principio los iban a buscar a las casas de los pueblos próximos, ofreciéndoles puestos de pajes en su corte, y cuando el rumor empezó a crecer al ver que de los niños nunca más se sabía, empezó a raptarlos o a engañar a niños huérfanos en cada vez más lugares. Se estima que al menos 1000 niños desaparecieron en los 8 años que duró esta pesadilla. Lo que hacía con ellos es simplemente horrible. No sólo los mataban, sino que los torturaban y violaban de todas las formas imaginables, llegando a hacer concursos de belleza con las cabezas de algunos niños clavadas en picas. Muchas veces al acabar de matarlos Gilles parecía arrepentirse y lloraba sus muertes y tenía fuertes episodios de culpa, pero al final se le pasaban y volvía a su retorcido cometido. Algunos casos particulares de los que quedó constancia son especialmente crudos y depravados.

Al final todo esto fue demasiado incluso para las autoridades de la época, el obispo de Nantes, Jean de Malestroit empezó a investigar los hechos a petición del duque de Bretaña y fue reuniendo pruebas, lo consiguió pillar cuando al intentar vender uno de sus últimos castillos, secuestró a sus propio hermano para evitar que anulara la venta, el rey tuvo que intervenir para calmar la situación, y el obispo aprovechó para mandar a sus hombres a detenerlo.   

El juicio a Guilles de Rais y a sus secuaces está muy documentando. Al principio negó todos los cargos y se dedicó a insultar al tribunal (su posición de noble se lo permitía), pero estaba completamente trastornado, y días después se declaro culpable y, en otro de sus arrebatos de culpa, confesó los crímenes. Delante de un montón de eclesiásticos empezó a enumerar como mataba, violaba, mutilaba y se bebía la sangre de sus víctimas para sentir placer. Los curas se quedaron blancos al escuchar semejante confesión, nadie esperaba semejante despliegue de maldad.

Fue encontrado culpable de al menos la muerte de 200 niños, aunque se cree que la cifra es muchísimo mayor, y condenado por asesinato, sodomía y herejía. Fue un auténtico shock para la sociedad francesa del momento, que lo consideraba un héroe de guerra.

Fue conducido a la horca junto con los peores de sus secuaces, el rey no le concedió la gracia real a la que podía optar por ser un grande de Francia, y fue ahorcado, eso sí, recibió cristiana sepultura.

Barba Azul (vale, aquí no se le nota)

Barba Azul (vale, aquí no se le nota)

Un personaje tan perverso no podía ser olvidado tan fácilmente y su figura está altamente representada a lo largo de la historia. Un ejemplo que lo ilustra es el cuento de Barba Azul, de Charles Perrault, que se basó en Guilles de Rais para el sádico asesino de esposas.