Infancia en traje de rayas

Durante el levantamiento de Varsovia, Bogdan Bartnikowski (Varsovia, 1932) fue enviado, junto con su madre, al campo transitorio de Pruszków (llamado Durchgangslager 121) tras ser expulsado del barrio de Ochota, en Varsovia, fueron transportados el día 12 de agosto al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.

En el campo fue registrado como prisionero número 192731. Permaneció en Birkenau: primero en el barracón infantil del campo femenino, después en el sector BII del campo masculino, donde fueron apresados los niños de Varsovia.

El 11 de enero, tras reunirse con su madre, fue evacuado a Berlín-Blankeburg (comando de trabajo del campo Sachsenhausen), donde trabajó en la limpieza de escombros hasta el día de la liberación, el 22 de abril de 1945. Tras la liberación volvió con su madre a Varsovia.

Infancia en traje de rayas es la autobiografía de Bogdan Bartnikowski, en ella nos cuenta los horrores vividos en el campo de concentración de Auschwitz- Birkenau. Bogdan llega a Auschwitz junto a su madre, su padre es un insurgente desaparecido durante el levantamiento de Varsovia.  El libro no narra la historia de corrido sino son mini capítulos donde nos cuenta su vivencia durante el cautiverio. De manera concisa el autor describe las miserias, atrocidades, el hambre, el miedo y la nostalgia en la catedral más famosa del fatídico holocausto judío. Ya os podéis imaginar lo que se siente al leer una historia sobre esta barbarie... pero aún lo sientes más cuando sabes que es autobiográfica. Antes de leerla, ni conocía al autor ni tampoco el libro, el pasado mayo hice un viaje a Polonia en el que estuve conociendo Varsovia y Cracovia, y claro, una visita obligada es ir a Auschwitz, allí, en la tienda de suvenires me encontré con este libro, una vez leída la contraportada no dudé en comprarlo. Me gustaría decir que este libro tiene un pero… y es que hay partes donde la traducción no es correcta pero sí perfectamente entendible.

Campo de concentracion auschwitz. Imagen propia

Campo de concentracion auschwitz. Imagen propia

Para terminar el post os dejo un pasaje del libro

-¿Cómo te llamas?

-Henio…

-¿Y qué te pasa? ¿Dónde has estado?

-En el hospital…

-¿Has estado enfermo? ¿Qué has tenido?

-No…

-¿Qué te pasa en la cabeza? ¿Te han pegado?

-No me pasa nada.

-Ehh ¿éste es tonto o qué? ¿Entonces por qué llevas vendas?
-Es por los ojos.

-¿Tienes los ojos enfermos?

-No…

-¡Vámonos de aquí! ¡Todo el rato lo mismo! No ha estado enfermo pero la cabeza la tiene inflada como una pelota. Y no quiere decir nada. Seguramente se ha vuelto tonto en ese hospital.

Los demás saltan al suelo y yo me quedo solo con Henio, quien permanece sentado inmóvil en la litera. Miro a mí alrededor sin decidirme: me voy o me quedo con él. Será aburrido, el pequeño estira la mano, palpa a su alrededor, llega hasta mi mano, encoge la suya y de nuevo permanece sentado, inmóvil como una estatuilla.

-¿Necesitas algo? –Le pregunto -.¿A lo mejor quieres ir al baño?

-No…

_¿Tienes hambre? Tengo un trozo de pan, ¿quieres?- se lo propongo pero al mismo tiempo siento miedo, miedo de que quiera. Por supuesto que se lo daré, debo darle el último pedazo de pan que quería dejar para mañana.

-No, yo tengo mi propio pan-toca con la mano un hartillo que tenía a su lado.-Me lo han dado en el hospital.

Me siento a su lado. No puedo irme, aunque me ha irritado. ¡Cuántas cosas curiosas pasan en el campo! ¡Oh!, justamente ahora el abuelo sale de las literas y Wiesiek y el resto salen detrás y desparecen por la puerta. Y yo me he quedado. Largarme ¿dejarlo sólo? Es nuevo, pequeño, es una tontería, aunque ya los he visto más pequeños por aquí, ¡pero éste está ciego! Por lo menos bien que no llora… Entonces no me hubiera quedado, me habría ido enseguida.

-¿Has estado mucho tiempo en el hospital?

-Mucho…

-¿Cuánto?

Encoge de hombros, mueve las manos torpemente. – No lo sé…

-¿Te ha dolido?

-No…

-¿Qué te pasa? Dime…

-Nada…

¡Al diablo! Miro al pequeño con rabia, ya estaba a punto de irme cuando percibo su boca torcida.

-¡Ni se te ocurra llorar! Aquí no les gusta que nadie se ponga a llorar.

-Yo lloro todo el tiempo- dice quedamente Henio.

-Si lo haces en voz baja, puedes.

-Y cuándo no quiero, es lo mismo.

-Cómo que lo mismo- no entiendo.

-Los ojos me lloran.

-¿Desde hace tiempo?

-Desde que me echaron una gota en el ojo.

-¿En uno?

-En uno, pero ahora el otro también llora.

-¿Irás a que te cambien el vendaje al hospital?

-No lo sé…

El delegado me llamó y nos alejamos unos pasos de la litera.

-Escucha, te ocuparás de él. Le caes bien ¿no?

-Sí, pero a lo mejor otro… - empecé a excusarme.- ¿Voy a pasarme ahora todos los días sentado con ese renacuajo en la litera…?

-Te quedarás con él. Hace falta que por ahora te quedes. Habrá que ver qué pasa con él.

-¿No se quedará con nosotros?

-No sé, pero quizás no sea posible. Él es un conejillo.

-¿Un conejillo? ¿Qué conejillo? – No entendía nada.

-No sabes nada… ¿has escuchado que aquí hay un doctor de las SS que se llama Mengele?

-Mengele… -Me encogí de hombros. -¿Es uno de esos que viene a las selecciones?

-Exacto. Mengele ha hecho alguno de sus experimentos con Henio. Me lo ha dicho un Häftling (prisionero o preso, en alemán) del hospital. Ha preguntado por Henio. Vendrá a cambiarle el vendaje. Escucha ¡pero ni una palabra a nadie! Henio a desaparecido del hospital, ha muerto. De otro modo ya estaría ahí… dijo señalando con la cabeza en dirección al crematorio-

-¿Y qué le ha hecho el doctor Mengele a Henio?

-Le quería cambiar el color de los ojos.

-¿Y para qué? ¿Y lo ha conseguido?

-No. Ese Häftling me ha dicho que se probó con un ojo, pero que la infección se le pasó al otro ¡y acabó fatal! Si nadie se ocupa de Henio, si lo descubren aquí, con nosotros… -El delegado agitó la mano- será su fin. Se irá a la cámara de gas.