Drogalépticos: Pysch-Out

"Un filme psicodélico en su contexto (contra)cultural que centra la historia de una joven sorda que, en la búsqueda de su hermano perdido en los túneles de sensaciones lisérgicas, comienza a involucrarse con la comunidad hippie y sus maneras singulares de expresar amor. La película tiene una moraleja que sataniza un poco al LSD y a las psicotrópos debido al desconocimiento y manejo inadecuado de ellos ya que, como señaló el mismo Hofmann, la sustancia había sido secuestrada por el movimiento hippie empleándose de manera irresponsable" Por cierto, aparece ¡Jack Nicholson!

Del LSD y de su relación con el día mundial de la bicicleta ya hablamos en un post pasado que podéis leer aquí.  

El LSD se conoce comúnmente como ácido, tripi, sellos, ajos, puntos, etc... Es una droga psicodélica semisintética. Sus efectos pueden incluir alucinaciones con los ojos abiertos y cerrados, sinestesia, percepción distorsionada del tiempo y disolución del ego, alteración de la percepción, la conciencia y los sentimientos, además de sentir o visualizar sensaciones o imágenes que al consumidor le pueden parecer reales pero que no lo son (vamos, que lo flipas en colores). Se usa como una droga recreativa ilegal y en algunos países como droga legal bajo prescripción médica en psicoterapia. Se ingiere tragándolo o poniéndolo debajo de la lengua. A menudo se puede conseguir en el mercado negro en papel secante o en gelatina o terrones de azúcar, aunque también se puede inyectar. Los ensayos que se han realizado con esta droga muestran que no genera adicción pero si puede producir reacciones psiquiátricas graves como por ejemplo ansiedad, paranoia y delirios (que pueden ocurrir bastante tiempo después de haberla consumido, lo que puede ser un problema si te pasa un lunes en la oficina). Es muy difícil que se produzca envenenamiento por LSD, porque la dosis necesaria para producir sus efectos psicodélicos está muy por debajo de las dosis tóxicas o letales.

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En 1962 en EE. UU. se aprobó una nueva normativa sobre fármacos, en la que el LSD quedaba catalogado como «droga experimental», lo que suponía la prohibición del LSD en clínica. En 1965 se dio un paso más con la Enmienda para el Control del Abuso de Drogas, que penalizaba como delitos menores la producción ilegal y la venta, aunque no la posesión. En abril de 1966 los laboratorios Sandoz dejaron de comercializar LSD, y en 1968 se modificó la Enmienda, convirtiendo la posesión en delito menor y la venta en delito grave.

La ilegalización del LSD no supuso el freno de su consumo entre los jóvenes estadounidenses, puesto que esta experiencia psicodélica se convirtió en uno de los rasgos del movimiento hippie. El barrio de Haight-Ashbury, en San Francisco, se convirtió en el primer lugar donde se vendió ácido de forma masiva. Buena parte del arte de esa época, etiquetado como hippie, psiquedélico o psicodélico, se inspira en la experiencia del LSD o pretende evocarla. Cuando el movimiento entró en decadencia, también lo hizo el consumo de alucinógenos, que fue perdiendo popularidad, desplazado por los opiáceos. Sucesivos movimientos neopsicodélicos han revitalizado algo su uso, como la subcultura rave, sin alcanzarse en ningún caso los niveles de su época de apogeo.

En 2008 se reanudó la investigación clínica sobre los efectos psicoterapeúticos del fármaco. Actualmente, se desarrollan dos investigaciones en este sentido, una en Suiza y otra en la Universidad de California.