El primer epidiemólogo español y once presos

El primer epidiemólogo español y once presos

"Mal de la rosa", "escorbuto alpino", "lepra asturienses"... Múltiples nombres para una sola enfermedad... La pelagra, descrita por el primer epidiemólogo español, Gaspar Casal, como una carencia dietética y no como una enfermedad infecciosa.

La pelagra a día de hoy es una enfermedad poco común, gracias a que sabemos que se debe a una carencia vitamínica, concretamente de la b3 (niacina). Esta enfermedad empezó a proliferar debido al consumo de harina de maíz (que era muy barata) en lugar de la de trigo (que sí contiene esta vitamina). Se caracteriza por varios síntomas: digestivos, neurológicos (encefalopatías) y el más llamativo, la dermatitis. Esta dermatitis se presenta en forma de lesiones simétricas en las que claramente se delimita la piel sana de la afectada, esto se da principalmente en manos, brazos, pies y quizás el más llamativo alrededor del cuello (denominándose collar de Casal en referencia a nuestro protagonista)

Collar de Casal

Collar de Casal

En 1762 se publica ( 3 años después de la muerte de Casal) el "Historia natural y médica del Principado de Asturias". Este recopila las observaciones de Casal a lo largo de su vida profesional y en ella describe esta enfermedad como algo no infeccioso (estaba seguro que se debía a una carencia en la dieta) algo que en su época no cuajo. 

En 1914 una comisión de expertos estadounidenses determino que la pelagra no se debía a un problema dietético sino a algo infeccioso ya que las personas que la padecían vivían en condiciones poco higiénicas (recordad, la harina de maíz es más barata por lo tanto era muy consumida por gente pobre). Sin embargo ese mismo año el servicio de salud de este país le encomendó a Goldberger (médico, que no creía que la pelagra fuese infecciosa) el estudio de esta enfermedad. Para ello tomó como grupo de análisis a 11 presos (con la condición de un indulto) y les indujo esta enfermedad al basar su dieta en el maíz y derivados de este. Cuando mostraron síntomas de ella se les puso en contacto con el grupo control (los cuales llevaban una dieta normal), ninguno de ellos manifestó esta enfermedad. Así Goldberger demostró que la causa no era un germen o toxina del maíz sino a una carencia. A pesar de esto, y como le pasó a Casal, no fue hasta el año 1937 en el que el bioquímico Conrad Arnold descubrió que la niacina curaba la pelagra en los perros y esto le dio la razón. Golberger tenía razón y a su vez le daba la razón a Casal.

Estaréis pensando ¡Que injusto¡ murieron sin que se les reconocieran sus méritos. Si, es así, puede parecer injusto, pero la medicina basada en evidencia no se puede basar en conjeturas, sino en hechos demostrables ¡Que para paparruchas ya tenemos a la Homeopatía!