Viernes 13: una historia de terror...

Ya os hablamos en su día del terror de los Doppelgänger... pues hoy toca otra historia de miedo... muahaha...

Se dice que Guatemala es un país con la naturaleza en estado puro. Allí todo es descomunal: sus volcanes, sus plantas, sus frutas, su selva, sus temblores de tierra... Además convives con culturas milenarias que aún conservan su modo de vida: 23 etnias indígenas con sus tradiciones y creencias. El entorno es tan embriagador que llega un momento en que te dejas llevar por él y empiezas a creer en cosas que antes no creías.

Pues bien, en este enclave sucedió una historia que ahora os vamos a contar...

En una excursión a una preciosa laguna en medio de la selva (Lachuá), nos acompañaba un chamán de mediana edad. Él decía que para poder hacer su trabajo con propiedad había tenido que probar todas las drogas naturales que existían en Guatemala. Era todo un drogaléptico.

Unos integrantes del grupo, cerca de las 18:00, cuando ya caía la noche, le pidieron al chamán que les viera los chakras. Al final la actividad se hizo generalizada y él nos iba llevando uno a uno a un rincón de la selva para ello.

Cuando me tocó el turno estuve tentada de rechazarlo, porque me faltaban el interés y la fé, pero al final me animó a ello un amigo.

El chamán me pidió que sujetara una vela (no olvidéis que estábamos en medio de la selva, sin luz eléctrica) y que cerrara los ojos. Y que no los abriera bajo ningún concepto.

Durante un rato sólo le oía a él, y luego él cogió la vela.

En ese momento empecé a escuchar pasos que se acercaban y pensé que sería mi amigo. Le dije: "Pablo aún no hemos acabado". El chamán me preguntó con quién hablaba, ya que aseguraba que Pablo no estaba cerca. Yo, con los ojos aún cerrados, insistí en que alguien se estaba acercando, que yo lo oía.

A todo esto, estaba empezando a notar un dolor tremendo bajo el cuello y pensé que sería la vela, que con tanto lío de girarse a ver si venía Pablo me la habría acercado demasiado y me estaría quemando.

Le pedí que me apartara la vela.

El chamán se puso nervioso y me dijo que no abriese los ojos. En ese momento yo me puse aún más nerviosa y abrí los ojos. Lo primero que vi fue la vela en una de sus manos, a casi 1 metro de mi. Lo segundo fue un grupo de animales observándonos: monos, mapaches, iguanas, sapos que se habían quedado a unos metros de nosotros y que él decía no ver... pero yo veía perfectamente. Y me observaban.

La vela empezó a llamear y atrapó mi atención, al volver la vista de nuevo ya no encontré animales. En este espacio, él había llamado a mi amigo y le dio la vela para que la alejase. "Tengo que hablar contigo" me dijo. Y, sorprendentemente, me contó una historia que yo había vivido hace años, personal y no agradable. Una historia que él no tendría por qué saber. 

Me dijo que debía hacer un ritual para alejar de mi aquello.

Yo estaba acojonada pero poco dispuesta a hacer rituales, así que le pedí una alternativa. Me dijo que dependiendo cómo fueran mis sueños de esa noche (por ejemplo, oscuros y amenazantes) veríamos si podría estar tranquila y seguir adelante como hasta ahora.

Fue una pasada para mi dormirme esa noche y soñar, por primera vez, con todos mis amigos del otro lado del charco juntos bajo un gran toldo, una carpa luminosa tipo chill-out, ¿en ibiza?, sonriendo, hablando, riendo, felices... un grupo que para mi fue sinónimo de protección y por lo que decidí olvidarme de ese asunto y no dejarme llevar y empezar a creer en cosas que antes no creía.

Eso sí, varios meses después mi amigo me dijo que al tirar la vela a la hoguera del campamento había salido de ella una tremenda llamarada, como si algo quisiera salir volando de dentro...