Elsa Schiaparelli: La Italiana

Elsa Schiaparelli: La Italiana

A lo largo de la historia los genios que han podido triunfar únicamente con el impulso de su don innato y su carisma han sido pocos. Los demás se lo han tenido que currar incluso siendo grandes artesanos, visionarios, creativos, estrategas o vendedores. La Schiaparelli se lo curró... pero sobre todo se arriesgó a hacer lo que le dio la gana.

Elsa Schiaparelli nació en el Palazzo Corsini en Roma (1890) y estaba casada con un conde. Vida cómoda y sin sobresaltos... si no fuera porque ella apuntaba más alto (al terminar la carrera publicó "un escandaloso libro de poemas eróticos") y el conde apuntaba más bajo (tras repetidas infidelidades, la abandonó recién nacida su hija). Pero la italiana, sin trabajo y con una hija que mantener, se puso manos a la obra: se dejó llevar por la corriente surrealista hasta la cumbre de la alta costura de los años 30.

Se hizo famosa por "su color rosa shocking, sus jerséis con trampantojo y una docena más de creaciones vanguardista".

Schiaparelli forjó su leyenda en torno a su carismática figura y a su estilo de vida. Acudía a todas las fiestas e inventaba trajes extremos para sí misma: plumas de gallo, delantales de jardinero, bolsillos secretos para petacas de licor… Se convirtió en una creadora completa.

Sus vestidos prácticos se vendían sin problema, mientras que ella dedicaba todas sus energías a crear provocación, ironía, sensualidad y sex-appeal, a la manera de su amiga y clienta Mae West. También colaboraba asiduamente con los surrealistas y los dadaístas.

Contaba con Perugia (el zapatero más vanguardista del momento junto a Ferragamo) para fabricar sus zapatos Dadá. Diseñaba estampados para el mercado estadounidense con fotografías de megaestrellas de Hollywood, adelantándose en varias décadas al arte y la costura pop (Warhol, Versace, Valentino).

Su amistad y colaboración con Dalí y Cocteau produjo “ropa que es algo más que ropa”,
una idea que retomaría Yves Saint Laurent en los años 70. Los vestidos se convirtieron en
objetos surrealistas en sí mismos: la creadora expresaba en ellos, a su manera, su visión de la contradicción, el escándalo y la perturbación.

Murió en 1973, pero años antes publicó una autobiografía llamada Shocking Life que merece mucho la pena (su color favorito era el rosa fucsia, al que ella llamaba "shocking", de ahí el estilo de la portada).

*Coco Chanel la llamaba La Italiana por su fuerza y su carisma.