Descapotables: la caída de un mito

Descapotables: la caída de un mito

Me hace muchísima gracia que haya tantos artículos advirtiendo del riesgo de conducir un descapotable en verano sin protección solar y sin cubrirse la cabeza: yo no tengo uno, pero me parece muy de cajón darte cuenta de esto tú solo si ya has cumplido la mayoría de edad.

Y mi artículo favorito es el que hace lista exhaustiva de los peligros que este modelo conlleva, véase: quemaduras, intimidad, aspersores, fuentes, rotondas, semáforos, autobuses turísticos, tabaco, limpia-parabrisas, hurtos, objetos sin guardar, objetos perdidos, transporte animal, lluvia, rotura de objetos, visita sorpresa, avería del mecanismo del techo, túneles, olores, gaviotas, velocidad accionamiento capota, vendedores, aparcamientos, multas y picotazos.

Concretamente, me colma cómo argumenta el peligro “rotondas”: “Al tomar una rotonda junto a una hormigonera con la tubería de salida desplazándose de un lado a otro, existe el riesgo de recibir algo de cemento en el interior de tu vehículo”.

Y “transporte animal” no se refiere a tus mascotas: “Al circular despacio junto a un camión de transporte animal corremos el riesgo de recibir salpicaduras de orina en el interior del vehículo”.

Tras leer esto, mi imagen de triunfador-conduciendo-descapotable ha sido sustituida por la de un pringado al que le cagan las gaviotas, le mean los cerdos y le vacilan los niños.

Una de dos: el escritor odia los descapotables, o vende berlinas.

Total, que decidí comprobar el estado de la cuestión. Y es que es bastante tremendo: el verano pasado (2015) el 55% de los adultos encuestados declararon haber experimentado quemaduras con ampollas.

Cierto es que no todos ellos tienen un descapotable; pero si uno de cada dos adultos NORMALES tiene ampollas por el sol… la estadística se debe disparar en el caso de adultos a los que meen cerdos accidentalmente cuando se paran en los semáforos.