A veces es todo muy kakonómico...

A veces es todo muy kakonómico...

Quizás este post lo tendríamos que haber lanzado el 1 de Julio, cuando nuestras playas gallegas se petan, las colas en los supermercados dan la vuelta al pueblo y los bares lanzan sus ofertas en parrilladas de marisco.

Pero así somos en narcolépticos: hablamos de verano en pleno veroño.

Porque hoy tratamos el fenómeno de la kakonomía, muy ligado al turismo de playa clásico de nuestro país y que, creemos, en algunas zonas de Galicia alcanza su esplendor. ¿Y qué es la kakonomía? pues algo así como la cutrez intencionada en el servicio al cliente.

El término procede del griego (kakós es malo en griego), y de allí de donde procede su uso actual. Porque al parecer en el Mediterráneo sale todo mal: si reservas un hotel, cuando llegas no tienes ni reserva ni a veces hotel. Eso dicen al menos... nosotros no solemos ir a hoteles... Y, frivolidades a parte, esto llevó al sociólogo Diego Gambetta y la filósofa Gloria Origgi a pensar que en una sociedad tan avanzada como la nuestra era IMPOSIBLE que absolutamente todo se torciese en un simple congreso celebrado, en este caso, en Italia.

Y la explicación, según ellos, es que el gusto por la desorganización y el servicio mediocre es icónico y agrega un valor añadido muy importante que pasa de puntillas ante los insensibles: cuando todo sale mal llega un punto en que te relajas, te despegas de la exigencia (y auto-exigencia) caníbal de la sociedad actual, asimilas el cambio de planes, sonríes... y disfrutas. Que es de lo que se trata, sobre todo en vacaciones.

Y, pese a que esto no es plato de paladares selectos, es lo que ocurre aún en nuestras zonas de veraneo: el camino no está bien señalizado, la reserva te la han cambiado, el bar experto en marisco realmente sirve cocido durante los meses de no-verano, el pan te lo cobran, la playa tiene algas, al niño le pica una medusa, y todo te carga los huevos...

...hasta que el camarero borde del bar de abajo empieza a tener su puntito y te empiezas a meter en un "que-me-la-suda-todo-oye" que será lo que al final más eches de menos en otoño.