La leyenda de Oro de Tolosa

Todos los pueblos tienen leyendas, incluso los más antiguos, esta es una de las más recurrentes de la Roma imperial, el Oro de Tolosa.

Cómo buena leyenda que se precie está entremezclada con otros hechos verídicos que la hacen mucho más interesante.

Todo empieza en el 279 a.c. con las Invasiones celtas a los Balcanes, donde una enorme migración de pueblos celtas de Europa central asoló la zona de los Balcanes, siendo posteriormente derrotados y expulsados, uno de esos pueblos eran los volcas tectósages, que marcharían hacia Asia Menor, donde se unieron a la población local, conformando el territorio de Galacia, pero algunos de ellos volvieron al oeste, a la Galia ¿porqué? Pues porque también se pasaron por Grecia y se habían hecho enormemente ricos al saquear unas 70 toneladas de oro en el Templo de Apolo de Delfos

 El Templo de Delfos en la actualidad

El Templo de Delfos en la actualidad

Los volcas tectósages escondieron el oro, y allí quedó a buen recaudo durante años y años, hasta la llegada de los romanos a la zona. En el año 105 a.c. fue enviado como Procónsul a la provincia de la Galia Narbonense, Quinto Servilio Cepión, que más adelante sería muy conocido por su implicación en el Desastre de Arausio.  

La provincia había sido invadida por la tribu de los cimbrios con ayuda de los tectósages, una vez Cepión consiguió echarlos de la Galia Narbonense tomó represalias y atacó la capital de los tectósages, Tolosa. Cepión arrasó la ciudad, y, para su sorpresa, encontró en sus templos, o en el fondo de un lago, según la versión, una cantidad increíble de riquezas, 15000 talentos de oro y 10000 talentos de plata. Esto equivalía a muchísimo más de lo que contenían en ese momento las arcas de Roma

 La Galia antes de la llegada romana

La Galia antes de la llegada romana

Cepión mandó todo el tesoro a Roma en carros escoltados por una cohorte de legionarios, pero estos fueron asaltados por bandidos, que mataron a los legionarios y se hicieron con los carros con el oro, la plata se salvó y si que llegó a Roma. La conmoción fue total, era una pérdida enorme, pero fue imposible encontrar a los ladrones, y aquí entra de nuevo la leyenda, que indica que el oro no fue robado por unos bandidos cualquiera, sino que fue el propio Cepión el que los contrató para quedarse el oro para él y los escondió en algún sitio, quizás en alguna de sus propiedades repartidas por Italia. Desgraciadamente para él no tuvo mucha oportunidad de disfrutarlo, ya que poco después tuvo lugar el ya mencionado Desastre de Arausio y Cepión fue exiliado fuera de la península Itálica, a Esmirna, donde también se dice que escondió el oro y lo fue blanqueando comprando propiedades.

Aún así el oro quedó para servicio de su familia, de la que siempre se desconfío un poco por su enorme fortuna difícil de justificar. El tesoro (o sus beneficios) pasó a manos del hijo de Cepión, que tenía su mismo nombre, a su vez, su hija mayor, Servilia, conocida por ser la amante de Julio Cesar, fue la madre de Marco Junio Bruto, el más notorio asesino de César, que es muy posible que dilapidara la fortuna familiar en su intento de reclutar tropas para derrotar a los herederos de César: Marco Antonio ( su sobrino) y Octavio (su hijo adoptivo), por lo que es muy probable que el Oro de Tolosa acabara en manos de los reyezuelos asiáticos y los mercenarios a los que Bruto compró antes de ser derrotado y muerto en batalla. Viendo lo mal que le salieron las cosas a los descendientes de Cepión es lógico admitir que era muy fácil que los romanos posteriores consideraran el tesoro maldito ya que ninguno disfrutó de una vida tranquila, el propio Cepión exiliado, su hijo fue asesinado y decapitado en las Guerra Social y Bruto, que se suicidó tras la Batalla de Filipos.

 Busto de marmol de Bruto

Busto de marmol de Bruto

Esta es sólo una de las versiones de esta leyenda, casi imposible de demostrar más allá del oro de Tolosa, que existió y no queda claro de dónde pudo salir y sí que fue robado, pero que durante mucho tiempo fue la comidilla en las casas de la Roma antigua.