La Primera Guerra Púnica, cartagineses contra romanos

Para la mitad del siglo III a.c. la península italiana estaba ya controlada por la República romana, a excepción de la parte más occidental de Sicilia, que estaba bajo el control de la poderosa Cartago, el enfrentamiento entre ambas era inevitable para el 264 a.c.

Cartago era el gran poder en el Mediterráneo, habían desplazado a las colonias griegas y el comercio marino era suyo, pero a Roma se le estaba quedando pequeña Italia, y tras echar también a los griegos y absorber a sus vecinos latinos, sólo le quedaban dos opciones, o iban al norte a luchar contra los galos o al sur para tomar Sicilia.

En Sicilia además de los cartagineses estaban las últimas colonias griegas, con Siracusa a la cabeza. Y allí surgió un problema, unos mercenarios contratados por las colonias empezaron a dar problemas y cuando les pusieron las pilas decidieron pedir ayuda a la vez a los romanos y a los cartagineses. En Roma se abrió un intenso debate sobre qué hacer con Cartago, pero los poderosos de Roma querían la guerra y así fue. 

 Mapa de antes del conflicto

Mapa de antes del conflicto

Los romanos llegaron a Mesina liderados por el cónsul Apio Claudio Cáudex al mando de dos legiones, marcharon hacia el sur y asediaron Siracusa, que se rindió rápidamente y firmó una alianza con Roma. Después marcharon hacia el oeste, a Agrigento y empezaron el asedio, a Caúdex le mandaron los refuerzos del otro cónsul, Marco Fulvio Flaco, llegando a las cuatro legiones. Pero Cartago no había estado ociosa y había levantado un enorme ejército de mercenarios liderados por el general Hannón, que mandó a la isla, cogiendo desprevenidos a los romanos, que tuvieron que plantear dos líneas defensivas, una interior, para sitiar la ciudad, y otra exterior para evitar ataques, que a la larga les salió bien, ya que plantearon batalla y derrotaron a los cartagineses, que tuvieron que escapar, mientras Agrigento caía.

Durante el 259 y 258 a.c. las victorias y derrotas se fueron sucediendo en los dos bandos. Al final fueron los romanos los que empezaron a llevar la iniciativa, pero el poderío naval cartaginés hacía imposible que tomaran la ciudad costera de Lilibeo (la moderna Marsala).

Como la situación empezaba a estancarse, en el 256 a.c. los romanos cambiaron de estrategia, para forzar la salida de las tropas y las naves cartaginesas de Sicilia, atacarían por sorpresa la costa africana, que apenas tenía defensas. 330 naves al mando de los cónsules Marco Atilio Régulo y Lucio Manlio Vulsón Longo. Régulo marcharon a África, incluso derrotando a un contingente cartaginés de camino. Una vez en suelo cartaginés empezaron a saquear todo, y cuando el ejército enemigo les planteó batalla en Adís en el 255 a.c., batalla en la que participó Almilcar Barca, padre de Aníbal, y que supuso una nueva victoria romana y un intento de paz, pero las condiciones romanas eran tan exageradas que los cartagineses les compensaba seguir luchando, y en una jugada excelente, contrataron al general espartano Jántipo, que reorganizó el ejército.

Jántipo lanzó a su ejército contra los romanos en la Batalla de los Llanos del Bragadas, donde lanzó a sus elefantes contra la infantería romana, desorganizándola y rodeándola, las bajas fueron muchísimas, Jántipo incluso consiguió capturar a Régulo. Ante tal derrota, Roma decidió mandar una nueva flota de 350 naves para auxiliar a los supervivientes, pero ya habían gastado toda su suerte en esta guerra, y esta se encontró con una enorme tormenta en la costa africana, destruyéndola casi por completo, se estima que murieron 90000 personas…

 La muerte de Régulo, fue asesinado al negarse a colaborar con los cartagineses

La muerte de Régulo, fue asesinado al negarse a colaborar con los cartagineses

Sin posibilidad de réplica romana, los cartagineses volvieron a Sicilia y se hicieron fuertes, pero Jántipo, que había ido a cobrar por sus servicios, tuvo que escapar por patas cuando se dio cuenta de que lo iban a matar antes de pagarle, esta traición les saldría muy cara a Cartago. Aunque los romanos consiguieron volver a la lucha a tiempo y la situación se volvió a estancar. Almilcar Barca, a partir del 251 a.c., fue el encargado de ponerle las cosas difíciles en tierra a los romanos mientras confiaban en que su superioridad naval fuese decisiva, y ahora serían ellos los que se equivocarían.

Roma estaba arruinada, pero los romanos nunca fueron mucho de rendirse y fueron los ciudadanos privados quienes pagaron la nueva flota en el 241 a.c., compuesta por 200 quinquerremes con la más moderna tecnología de la época, al mando del cónsul Cayo Lutacio Cátulo, que marchó contra Lilibeo y la sitió, cuando la flota cartaginesa, con Hannón al frente,  llegó en su auxilio se produjo la Batalla de las Islas Egadas, las naves cartaginesas, con el viento a favor, se lanzaron contra las romanas, estas lideradas por el pretor Quinto Valerio Faltón, ya que Cátulo había caído herido, pero se encontraron con una naves romanas mucho más ágiles que las suyas, cargadas de suministros, que maniobraron y destruyeron la flota enemiga, que tuvo que huír. Lilibeo se rindió enseguida. Almilcar, sin posibilidad de recibir refuerzos, se tuvo que rendir también.

 Mosaico de un trirreme romano, una de las naves más usadas durante la guerra

Mosaico de un trirreme romano, una de las naves más usadas durante la guerra

Tras 23 años, Roma había vencido e impuso sus condiciones, Sicilia pasó a ser su dominio, y recibió como pago 3200 talentos de oro (unas 96 toneladas) y la devolución de todos sus prisioneros. Esta victoria supuso el comienzo de la salida de Italia de Roma y del dominio del Mediterráneo, pero los romanos y los cartagineses aún no se habían dicho todo y una nueva guerra asomaba por el horizonte.

 

*La portada es un óleo de J.M.W. Turner sobre el naufragio en las costas africanas