La orden del Santo sepulcro, la primera orden de caballería

La Orden del Santo Sepulcro nace al amparo de la Primera Cruzada, tras la conquista de Jerusalén en el 1099, Godofredo de Bouillon decide dejar a un grupo de caballeros como defensores de los restos de los lugares santos de la cristiandad, sobre todo el identificado como el Santo Sepulcro.

La Primera Cruzada, instigada por el papa Urbano II, es todo un éxito, y Jerusalén cae en manos cristianas tras cuatro años de guerra contra los musulmanes. La Orden del Santo sepulcro surge como una iniciativa privada de Godofredo de Bouillon, el gran líder de la Primera Cruzada, para defender ese lugar, desplazando a los curas ortodoxos que permanecían allí desde hacía siglos, a los católicos los habían expulsado ya tiempo atrás. 

 Pintura de Balduino I de Jerusalén

Pintura de Balduino I de Jerusalén

La Orden como tal es fundada tras el regalo del rey Balduino I de Jerusalén de una sede para los caballeros. Así queda constituido un pequeño ejército de 500 guerreros que se convertiría en la guardia del propio rey de Jerusalén, que sería su Gran Maestre. Luchando desde ese momento en todas las batallas para mantener Jerusalén. Lucharían al lado de Balduino en 1123 defendiendo la ciudad, después en el 1124 en el asedio de Tiro, en la Segunda Cruzada en Damasco en 1148, y en la defensa de San Juan de Acre en 1180.

Su importancia va en aumento y en Europa van ganando fama y reciben ayudas de muchos países y particulares, sobre todo en Polonia, Francia, Alemania y Flandes, y en España tendría mucho protagonismo en la Reconquista. Su ejemplo fue la base para la creación de otras órdenes religiosas de caballeros, como la del Temple o los hospitalarios. 

 La Cruz de la Orden

La Cruz de la Orden

Pero la llegada de Saladino supondría un duro golpe para la Orden, Saladino, un gran estratega militar, inflige una enorme derrota a los ejércitos cruzados en la Batalla de los cuernos de Hattin en 1187, que dejó a Jerusalén desprotegida, que caería unos días después, siendo imposible recuperarla en las siguientes cruzadas.

La Orden, a diferencia de otras, sólo tenía posesiones en Jerusalén y su cometido principal había desaparecido. Con el tiempo, en 1229, los franciscanos consiguen el permiso musulmán para volver al Santo sepulcro y custodiarlo, pero sólo como religiosos, no como caballeros, para ayudar a los peregrinos. Para 1281, tras la caída de San Juan de Acre, desparece todo vestigio cruzado de Oriente Próximo.

Los caballeros sepulcristas volvieron a Europa a sus distintos prioratos locales, completamente independientes entre sí, ya que no existía un líder que los uniera, el Gran Maestre ya no existía desde la caída de Jerusalén. La Orden mantuvo un perfil bajo, aunque siguió intentado recuperar su cometido inicial participando en las siguientes, y desastrosas, cruzadas. 

En 1513, el papa León XIII encuentra un nuevo cometido para la Orden, declarándose Gran Maestre de la misma y anexionándola a la Santa Sede, la convierte en una especie de premio para los nobles que peregrinan a Tierra Santa y quieren ofrecerse a la Iglesia. Ya no es una Orden militar, sino un premio nobiliario de gran estima. Muchos monarcas europeos, como Felipe II o Luis XIV de Francia intentaron convertirse en sus Grandes Maestres. 

 San Onofre en el Janículo, lugar actual de la sede de la Orden

San Onofre en el Janículo, lugar actual de la sede de la Orden

El papa Pío IX, en 1847, consigue el primer tratado entre el Vaticano y el Califato que ostenta el Imperio Otomano, acabando con siglos de distensión y guerra religiosa. Restaurando el Patriarcado Latino de Jerusalén qué pasó a manos de la Orden, volviendo a conseguir repercusión y volviendo a ser preciado pertenecer a la misma, pero había que demostrar ser noble para poder entrar, aunque esto fue cambiando con el tiempo. Sus funciones cambiaron radicalmente, ya no hacían falta cruzados, y se convirtieron en los custodios seculares, tanto del Santo sepulcro como de la propia historia de la Orden. Pertenecer a la Orden es más una cuestión de religiosidad interior y de cierto prestigio en algunos círculos que aportar una función real. Ya en 1949, el Vaticano estableció la sede de la misma en Roma, pasando el papa a ser el jefe supremo de la Orden y un cardenal su Gran Maestre.