El Imperio Otomano, más de 600 años de historia (I)

El Imperio Otomano fue amo y señor durante siglos del Mediterráneo oriental y de el Próximo Oriente, famosas son sus luchas con del Imperio español de los Austrias. También destaca por una lograda administración, que le permitió ser un estado multicultural y disfrutar de una larga decadencia hasta el final de la Primera Guerra Mundial.

Las tribus turcas fueron asimiladas por el Califato Selyucida, que los usaron como soldados, ayudándolos a luchar contra los bizantinos y expandiendo las fronteras por la actual Turquía. Con la caída del Califato en 1243 a manos de los mongoles, los turcos se quedan con un pequeño e insignificante territorio en Anatolia. Desde allí se expandirían en los siguientes siglos. 

 Osmán I, fundador de la Dinastía osmalí, de donde saldrían todos los gobernantes del imperio

Osmán I, fundador de la Dinastía osmalí, de donde saldrían todos los gobernantes del imperio

En 1331 consiguieron tomar Nicea y Bursa, que pasaría a ser la capital, a sus vecinos. En poco tiempo ya eran lo suficientemente poderosos como para ayudar a los Emperadores bizantinos en sus guerras intestinas mientras iban ganando terreno poco a poco.

En 1354 conquistaron Gallipolli, entrando en Europa y poco después Edirne, su nueva capital, desde la que empezaron a construir la administración que llevaría al imperio, sus gobernantes pasaron de ser Emires a ser Sultanes. Los bizantinos, acojonados, empezaron a pagar tributo para evitar que atacaran Constantinopla. Ahora que habían llegado a Europa, los otomanos demostraron su talante, nunca intentaron convertir o asimilar a la población de las zonas conquistadas, se conformaban con qué se mantuvieran en paz y pagarán los impuestos. De esta época también es la creación de los jenízaros, formados con jóvenes cristianos capturados, fueron las tropas de élite del Imperio, sobre todo a partir de Mehmed II, que empezaron a ser usados como guardia personal y fueron ganando poder  político en contraposición con la nobleza tradicional turca.

Europa estaba madura para la conquista, y tras la caída del Reino serbio y la conquista de Atenas en 1397, sólo Hungría representó una amenaza al poder otomano, aunque fue cediendo terreno lentamente, en 1427 llegaron a las orillas del Danubio. Otro rasgo importante del Imperio apareció ahora, tras la subida al trono de Beyazid I y las guerras civiles posteriores y más tarde con Mehmed II, se puso de moda un curioso ritual para subir al trono, los asesinatos entre hermanos para evitar traiciones y derrocamientos posteriores.

 Beyazid I

Beyazid I

En 1444 el papa intentó echarlos de Europa llamando a la Cruzada, pero en la Batalla de Varna, los europeos fueron aplastados y toda la zona búlgara, macedonia y griega pasó a su control. Hasta 1456 no fueron derrotados, en el Sitio de Belgrano, por el conde Juan Hunyadi, su hijo, Matías Corvino, sería rey de Hungría y mantendría a los otomanos a raya. Pero Corvino no supo aprovechar la oportunidad, y a su muerte los otomanos volvieron al ataque, primero tomaron Bosnia, Serbia y Albania y para 1548 llegaron casi a Venecia, que les pagó tributo para no caer, y en 1521 cayó Belgrado, en 1526 murió en batalla el rey húngaro Luis II y por último, en 1541 Buda, la capital, fue tomada. Hungría, en crisis total, estaba además dividida entre católicos y protestantes. Todo lo que quedó de Hungría fue el Principado de Transilvania, independiente pero supeditado al otomano, el resto del país quedó bajo el control de los Habsburgo.

 Mehmed II entrando en Constantinopla

Mehmed II entrando en Constantinopla

Pero no sólo se extendían por Europa, en Asia lograron estabilizar las fronteras con los reinos mongoles y se centraron en su primer enemigo, al que ya tenían rodeado, los restos del Imperio bizantino. En 1453 cayó Constantinopla, que se convirtió en la nueva capital otomana con el nombre de Estambul, y provocó un nuevo cambio que se mantendría, adoptaron el ceremonial de los emperadores bizantinos, alzando a la figura del sultán por encima de la del resto de los mortales. Su poder era imparable, penetran en África y se llevan por delante el Reino mameluco de Egipto en 1517, conquistando el último gran reino musulmán, a excepción de Persia, con el camino despejado marcharon por Arabia, conquistando Medina y la Meca y consiguiendo sus sultanes tanto poder político como religioso. Pero no se pararon ahí, y siguieron avanzando por el Mediterráneo, controlando como protectorados todos los reinos del norte de África a excepción de Marruecos, consiguiendo además el control de todo el Mediterráneo oriental y de las rutas hacia Asia. 

Con un imperio tan vasto, era necesario establecer un conjunto de leyes, el Kannuname, que daba el poder absoluto e indivisible al monarca y protocolizaba incluso los asesinatos de los parientes una vez subido un nuevo sultán al poder. Con Solimán el Magnífico se completó todo el código de leyes. El imperio siempre mantuvo su multiculturalidad unida a la libertad de culto, el Sultán solo nombraba a la figura principal de los estados, dándole después libertad de acción, eso sí, mientras fuera fiel a él. Pero un problema asomaba por el horizonte, una inflación difícil de controlar, sobre todo tras la apertura de nuevas rutas comerciales por los portugueses y españoles, que hundió la economía de la zona.

Pero esto no había hecho más que empezar...