El Imperio Otomano, más de 600 años de historia (II)

Con la llegada de Solimán el Magnífico al poder en 1520, el imperio llegaría a su máxima cota de poder. Además de terminar de reformar las leyes y la administración, fue el enemigo acérrimo de los Habsburgo, tanto en su versión alemana del Sacro Imperio, como en su versión española de los Austrias. Solimán, listo como pocos y aconsejado por el mejor visir de la historia de los otomanos, Ibrahim Pasha, consiguió una alianza con Francia contra España, dificultando enormemente los intentos españoles por reconquistar el Mediterráneo. De esta época es el famoso corsario Barbarroja, que tantos quebraderos de cabeza les daría a las tropas españolas.

Pero en 1571 los otomanos cometieron un error, el intento de toma de Chipre desembocó en la famosísima Batalla de Lepanto, donde los otomanos perdieron poder militar en el Mediterráneo y cortaron su expansión por el mismo. A partir de este momento se sucederán unos cuantos sultanes débiles, y el destino del Imperio será regido por sus esposas desde el harem, mientras tanto, la enemistad entre los jenízaros y los nobles turcos no hace más que aumentar, lo que provoca grandes problemas internos que se reflejan en su debilidad exterior.

 El Imperio Otomano en su máxima expansión

El Imperio Otomano en su máxima expansión

El siglo XVII vio desmoronarse poco a poco el estado. Sultanes incompetentes se sucedieron unos a otros, sobre todo tras cambiar el sistema anterior y dejar gobernar al sucesor mayor en vez del más apto y matar a los demás, era una forma cruel pero eficaz de tener buenos gobernantes, y los que intentaron arreglar el problema fueron asesinados, dejando al imperio en una muy mala posición para el futuro. Durante este siglo, en Europa se tuvo que enfrentar de forma intermitente con el reino de Polonia y con los Habsburgo, que poco a poco fueron recuperando terreno, sobre todo tras el fracaso del Sitio de Viena en 1683 que provocó que para 1686 perdieran Buda y en 1699 se firmaría la Paz de Karlowitz, que obligó a los otomanos a renunciar a su influencia y supuso la reunificación del reino húngaro.

 Los jenízaros en el Sitio de Viena

Los jenízaros en el Sitio de Viena

Para mediados del siglo XVII el poder de los jenízaros era enorme, muy parecido al de los antiguos pretorianos romanos, consiguiendo dejar el celibato y dejando que sus hijos heredasen sus puestos, la disciplina se relajó y su número aumentó hasta hacerlo insostenible, además se dejó de reclutar a jóvenes para sustituirlos, de esta forma, se crearon clanes familiares que fueron ocupando cuotas de poder cada vez mayores. Paradójicamente su poder aumentaba a pesar de que cada vez eran más inútiles, al acabarse las guerras de conquista y no haber botines de guerra, empezaron a no querer luchar y se negaron a adoptar los nuevos instrumentos y estilos militares, lo que los convirtió en obsoletos. La inflación siguió subiendo y la antigua administración que tan bien funcionó fue sustituida por otra completamente corrupta. El hambre empezó a afectar a la población, y se produjeron levantamientos y se formaron muchas bandas de salteadores que solo hicieron aumentar la inestabilidad del imperio.

El anterior gran poder los otomanos les llegó a creerse superiores a los “infieles”, lo que provocó que se empezaran a quedarse atrás en cuanto a los avances en todo los campos culturales y científicos, mientras seguían sin ver el gran problema interior que los estaba devorando.

Pero el imperio aún no estaba vencido, y en el siglo XVIII y XIX consiguió recuperar algo de su anterior poderío, o al menos consiguieron una mayor estabilidad. Para entonces aún ocupaban desde los Balcanes hasta Irak y el norte de África. Nuevos sultanes más capaces empezaron una tímida reforma de la administración y el ejército, cortada de raíz por un levantamiento jenízaro, pero plantaron la semilla de futuras reformas. Además, los enemigos exteriores cada vez eran más fuertes, Rusia empezó a ser un problema en la zona de los Balcanes, lo que provocó revueltas y la posterior independencia de Serbia (1815) y Grecia (1821). La reforma era necesaria para sobrevivir, pero los jenízaros se seguían negando, así que el sultán Mahmud II creó un nuevo cuerpo militar y en 1826, en el llamado Incidente Afortunado, obligó por la fuerza a los jenízaros a disolverse, estos se resistieron y fueron masacrados por las nuevas tropas, más eficaces. Pero el nuevo ejército no pudo ocupar el hueco dejado por los jenízaros, provocando una gran debilidad militar en el imperio, cosa que aprovecharon sus enemigos, los otomanos siguieron perdiendo terreno e influencia en Europa, y a la vez, perdieron todo Egipto, que se independizó y los humilló militarmente en 1832 en la Batalla de Konya y en 1839 en la de Nezib, salvados solo por las potencias europeas que no querían que, de momento, cayera el imperio.

 Abdul Hamid II, el último Sultán con poderes absolutos

Abdul Hamid II, el último Sultán con poderes absolutos

A partir de 1839 empezaron las reformas, el Tanzimat, que modernizó y europeizó la administración y el ejército, dándole nuevas libertades a sus ciudadanos, que culminó con una Constitución en 1876, que intentó convertir al imperio en una monarquía parlamentaria , pero el Sultán Abdul Hamil II seguía contando con gran poder y a los pocos años la derogó.

En 1878 la guerra contra Rusia y la pérdida de Bulgaria volvió a provocar una crisis en un imperio cada vez más débil y dependiente de los estados extranjeros que mantenían su economía a cambio de privilegios. En 1906 aparecen en escena los Jóvenes Turcos, jóvenes intelectuales, burócratas y militares que buscaban la caída del Sultán y seguir con las reformas, que ganaron poder rápidamente. El control del gobierno se les escapaba de las manos a los sultanes, que reaccionaron de forma violenta, provocando grandes matanzas, como la de Armenia, con 200.000 muertos.

 Ataturk dando un discurso

Ataturk dando un discurso

Con la toma de Bosnia por Austria, el poder otomano en los Balcanes desapareció. La situación era insostenible, y en julio de 1908 los Jóvenes Turcos dieron un golpe de Estado, obligando al sultán a volver a instaurar la Constitución, pero fracasaron al intentar nuevas reformas porque en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial, que cogió a los Jóvenes Turcos sin formación suficiente, provocando grandes y gravísimas derrotas contra Rusia, su frustración y mala planificación provocó un nuevo genocidio en Armenia, a los que culparon de intentar revelarse, esta vez más de 1 millón y medio de personas fueron asesinadas hasta 1923 y en Asiria, con medio millón de muertos. Sus aliados alemanes tomaron los puestos militares, pero aún así no consiguieron grandes cosas, a excepción de frenar la invasión británica en Gallipolli. Ni la salida de la guerra de Rusia en 1917 consiguió un cambio de roles y para 1918 el imperio se desmoronaba en todos sus frentes y el 30 de Octubre se firmó el Armisticio que acabó para siempre con el Imperio Otomano y todas sus posesiones a excepción de Turquía, los Jóvenes Turcos cayeron con él, y en 1922, Mustafá Kemal Ataturk, héroe en Gallipolli, abolió el sultanato, convirtiéndose en el primer Presidente de la República de Turquía.