La Batalla de Arausio, cuando los bárbaros masacraron a las legiones romanas

El 6 de Octubre del 105 a.c. se produjo la mayor derrota, por número de bajas, que sufrirían los romanos en su historia. Alrededor de 90.000 soldados romanos y auxiliares murieron ante el empuje de una horda de 300.000 hombres, mujeres y niños, de los que la mitad eran guerreros. Dejando a Roma sin defensas, y solamente la suerte impedió que cayera.

Pongámonos en antecedentes para saber qué ocurrió aquí. La República romana, aunque poderosa, aún no era la gran potencia de años más tarde. Las tribus de cimbrios, comandados por su rey Boiorix y de teutones, liderados por el rey Teutobod, abandonaron sus hogares en Jutlandia, al sur de Escandinavia, al parecer por algún tipo de problema poblacional o medioambiental y miles de ellos se dirigieron hacia el sur hasta llegar al Danubio, donde las tribus locales pidieron ayuda a Roma para repelerlos. Roma mandó al Cónsul Cneo Papirio Carbón con entre 30000 y 40000 soldados. Los norteños, temerosos de Roma, decidieron parar su avance, e incluso ser escoltados de vuelta al norte, pero Carbón preparó una emboscada, lamentablemente para ellos, fueron descubiertos y el ejército romano masacrado, al menos 15000 hombres murieron. Carbón volvió a Roma con el rabo entre las piernas, donde fue deshonrado y desposeído del cargo. Ahora los bárbaros tenían abierto el camino hacia el sur.

Los cimbrios y teutones siguieron avanzando, desequilibrando todo el status quo entre las tribus autóctonas y Roma. Los germanos llegaron a la Galia Narbonensis, actualmente el sureste de Francia, donde mandaba el procónsul Quinto Servilio Cepión, un patricio de antigua familia, que contaba con unos 40000 legionarios y 15000 auxiliares, unas 7 legiones. Cepión comenzó una campaña defensiva para contener al enemigo. 

 Imagen de guerreros cimbrios y teutones, sacada de www.arrecaballo.es

Imagen de guerreros cimbrios y teutones, sacada de www.arrecaballo.es

Pero el Senado romano tenía miedo, así que decidió reclutar hombres para mandarlos al norte. Bajo el mando del cónsul Cneo Malio Máximo marcharon 55000 legionarios, 5000 jinetes y 30000 auxiliares, la nada desdeñable cifra de 10 legiones. Con semejante ejército combinado era imposible que los romanos perdieran, pero nadie contaba con el orgullo de un patricio...

Malio Máximo era el cónsul, por tanto le correspondía a él tener el control de todas las legiones, pero Cepión se negó a entregárselo. El motivo define lo que serían los siguientes años de luchas internas. Cepión (no confundir con su padre, el que derrotó a Viriato) pertenecía a una de las familias más antiguas de Roma, y Malio era un "Hombre Nuevo", un senador sin antepasados importantes, siendo el primero en su familia en llegar a Cónsul. Cepión se negaba a ser mandado por alguien de inferior categoría social, así que decidió no unir su ejército al de Malio y acampar lejos del cónsul. 

Ahora había dos ejércitos que por separado eran inferiores al enemigo y que estaban lo suficientemente lejos uno del otro para no poder ayudarse rápidamente. Malio, en un intento por frenar el avance enemigo, mandó a su caballería avanzar hacia el norte para entorpecerlos. Pero de nuevo todo salió mal, los jinetes fueron rodeados y masacrados, y su líder, el legado Marco Aurelio Escario, quemado vivo.

 Legionarios romanos

Legionarios romanos

La situación empezaba a ponerse peliaguda, y el Senado lo sabía y envió representantes para lidiar entre Cepión y Malio. Cepión pareció ceder, pero cuando iba a unir los ejércitos, decidió quedarse a unos 30 kilómetros, rodeando al enemigo. Los germanos, al verse rodeados buscaron una salida negociada y enviaron representantes a Malio, Cepión, alertado ante la posibilidad de que fuera Malio el que se llevara la gloria por conseguir un pacto, lanzó a su ejército por sorpresa contra la posición enemiga. Pero estos estaban preparados y consiguieron romper el ataque, para después cargar contra ellos y aniquilarlos. Unos 50000 soldados murieron y Cepión se libró por los pelos.

Malio y su ejército sólo pudieron ver como aniquilaban a sus compañeros. Los germanos, viendo una nueva victoria fácil, se lanzaron contra las desmoralizadas tropas de Malio, que sin caballería no pudieron evitar que el enemigo los rodease, otros 25000 hombres murieron allí. 

Malio, que también se había salvado y Cepión, volvieron a Roma con los restos fe sus ejércitos. Los dos fueron juzgados y encontrados culpables por perder sus ejércitos, fueron deshonrados y desposeídos de todos los honores, Cepión, al que todos consideraban el verdadero culpable, fue sentenciado al exilio, donde moriría.

 Legionarios en combate

Legionarios en combate

Pero el problema seguía ahí, un enorme ejército de bárbaros con el camino libre hacia Roma, además el pueblo romano estaba enfadado con sus gobernantes, ya que consideraba que sus aristócratas no estaban siendo dignos de mandar a los ejércitos. Y por si fuera poco, los pueblos aliados itálicos, que servían como tropas auxiliares estaban todavía más enfadados, ya que sus hombres morían como los romanos, pero sus derechos eran muchos menos.

Al final fue la providencia la que salvaría Roma, los germanos, en vez de marchar al sur, se dirigieron a Hispania, dando tiempo a los romanos a volver a prepararse. Cuando los germanos decidieron volver contra Roma un nuevo ejército, mandado por un Hombre nuevo como Malio, destinado a ser uno de los grandes generales de Roma, Cayo Mario, la salvaría, pero eso ya es otra historia...