La hoguera de las vanidades, cuando el fundamentalismo gana a la razón

En Florencia, el 7 de Febrero de 1497, durante el Martes de Carnaval, se prendió una hoguera enorme donde se quemaron cientos de libros no religiosos, espejos, maquillaje, vestidos y obras de arte en nombre de la pureza religiosa. ¿Cómo fue posible algo así en pleno Renacimiento en la ciudad de los Medici

Para entender lo que pasó hay que ponerse en antecedentes. La Florencia de años anteriores era una ciudad renacentista total, de mano de Lorenzo de Medici la ciudad había crecido junto con su prestigio, pero las diferencias entre sus gobernantes y el pueblo eran demasiado grandes..

 Retrato de Savonarola

Retrato de Savonarola

Y un personaje apareció en escena, el monje dominico y predicador Girolamo Savonarola, que llevaba ya mucho tiempo acusando a los papas humanistas y a los gobernantes de corruptos que se habían alejado de Dios, desde muy temprano consiguió una gran cantidad de seguidores con su mensaje de pobreza y sobriedad y su rechazo de todo lo lujoso. También era un profeta y sus tremendistas y apocalípticas teorías fueron acogidas por un pueblo que en ese momento lo estaba pasando mal en contraposición con sus señores.

Pronto empezó a atacar a los señores de Florencia, primero a Lorenzo de Medici el Magnífico y después a su hijo Piero, a los que acusaba de todos los males. Y la oportunidad de Savonarola llegó con la invasión del rey francés Carlos VIII, que quería gobernar Nápoles y en su camino hacia allí tomó Florencia por la fuerza, hubo un levantamiento y los franceses expulsaron a los Medici echándoles la culpa. Con semejante vacío de poder, Savonarola no tardó en hacerse con todo, convirtiéndose en el gobernante de la república. 

Con el poder absoluto en su mano, se dedicó a perseguir todo aquello que no le pareciese lo suficientemente decoroso o cristiano, todo el que se le opuso fue reprimido con dureza. Y en este contexto empezaron las hogueras, muchos participaron gustosos, otros tantos por miedo, pero se empezó a quemar todo lo que no fuera del agrado del cura, incluidos libros de Petrarca o Boccaccio y cuadros de Botticelli, unas pérdidas irrecuperables.

 Alejandro VI, el papa Borgia

Alejandro VI, el papa Borgia

Con su posición asegurada al acabar con los que estaban en su contra, solo quedaron los franciscanos para enfrentarse a él, ya que gran parte de la iglesia tampoco es que estuviera muy de acuerdo con este chalado, buscó nuevos enemigos, y lo encontró en el papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia, que quizás de religioso tenía poco y sus acusaciones en este caso estaban más que fundadas, pero que era un enemigo terrible. 

Alejandro VI intentó sobornarlo, pero solo consiguió que las críticas de Savonarola fueran peores, así que ya bastante harto de él, y sabiendo que atacándolo directamente no iba a conseguir nada, amenazó con excomulgar a toda la ciudad. Los florentinos, aterrados, expulsaron a Savonarola, pero un año después volvió, ya que contaba con el apoyo de Carlos VIII, pero este murió poco después, y el papa mandó su ejército a Florencia para capturar al predicador. La ciudad ya no quería saber nada de él, y sólo lo defendieron unos cuantos seguidores, que cayeron enseguida. 

 Ejecución de Savonarola

Ejecución de Savonarola

Savonarola fue apresado y torturado  durante días para arrancarle una confesión, aunque lo consiguieron, después se retractó de ella. Pero el papa ya tenía lo que quería, y acusado de herejía, el 23 de mayo de 1498, en la Piazza della Signoria, fue ejecutado con garrote vil y sus restos arrojados a una hoguera hasta que solo quedó ceniza para evitar dejar restos que pudieran ser usados como reliquias. Las cenizas se tiraron al río Arno desde el Ponte Vecchio

Así acabó el predicador que quiso convertir a Florencia y a sus habitantes en una ciudad demasiado santa para cualquier menos él.