Algunos de los seres mitológicos más terroríficos.

Todos los pueblos tienen sus mitos y leyendas, y también sus miedos, vamos a hacer un repaso de todo esto, algunas criaturas mitológicas de distintas culturas que tienen algo en común, dan mucho miedo.

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La Llorona: presente en la mayoría del folclore latinoamericano, enraizada con muchas diosas precolombinas de la muerte, el hambre o las fuerzas de la naturaleza. Pero es con la ocupación española cuando empieza su leyenda, representante de una trágica historia de amor (muchas veces entre una indígena y un colono) y que acaba con la muerte de su hijo. Ella es un alma en pena que busca a su hijo muerto y quiere venganza. Si escuchas sus gemidos y lloros no te acerques, verla significa volverte loco.

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Escila: ninfa de la mitología griega. Esta era una ninfa súper guapa hija de unos dioses, pero fue maldita y transformada en una jodida pesadilla, la cabeza y el torso se mantuvieron igual, seguía siendo igual de guapa, pero le salió una cola de pez, y además, y aquí está lo jodido, le brotaron 6 perros de dos patas cada uno, cada uno con enormes bocas con tres hileras de dientes, además se podía transformar (por si no era suficiente) en un monstruo marino de seis horribles cabezas y enormes y largos cuellos. Al final los dioses se apiadaron un poco de ella y la convirtieron en una roca marina que hacía hundirse a los barcos que pasaban cerca, pero oye, ya no era un monstruo. Sale representada en la Odisea.

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La Orcavella: la vieja Orcavella, que habitaba en el Monte Facho, en Fisterra, en Galicia. Esta leyenda es muy parecida a otras que existen en el mundo celta de Irlanda o Escocia y su mito surge para darle una explicación a la cultura megalítica de los dólmenes. Era una poderosa bruja que había llegada a la península Ibérica en los tiempos de la Reconquista y se había establecido en Galicia, alimentándose de todos los niños que podía capturar, llegando a vivir 176 años, y provocando un caso grave de despoblamiento en toda la zona. Un día se hartó de vivir y se fue al monte a cavar su tumba, pilló a un pastor que pasaba por ahí y le obligó a enterrarse con ella, ante los gritos del joven, otros pastores intentaron ayudarlo, pero cuando levantaron la enorme lápida, la tumba estaba llena de serpientes. Aún hoy en día, nadie puede acercarse y levantar la lápida porque su maldición acabaría contigo antes de un año.

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La mantícora: este es un mito persa que entró en el imaginario griego, que la creyeron como real y así se mantuvo hasta la Edad Media. El bicho en cuestión es una quimera (un híbrido), pero de los jodidos jodidos. Del tamaño de un caballo, con la cabeza humana con cuernos, el cuerpo de un león, la cola de un escorpión y una alas para completar el conjunto. Pero además no era precisamente pacífica, lo que más le gustaba era devorar humanos.

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El chupacabras: este es un mito moderno, que aparece sobre 1995 y desde entonces ha ido creciendo. Al parecer es un bicho que se dedica a chuparle la sangre a todo lo que pilla por delante, sobre todo a las cabras, y de ahí su original nombre. Su apariencia es la de un reptil bípedo de poco más de un metro que salta como un canguro, a sus víctimas les hace un agujero por donde chupa toda la sangre. Allí donde muere el ganado por cualquier circunstancia sospechosa aparece el nombre del chupacabras. Este bicho es el sueño húmedo de los criptozoólogos pero la mayoría de los investigadores serios creen que pudieron ser coyotes o perros salvajes y el resto lo hace, como en casi todos los mitos, la imaginación humana.