Antoine Lasalle y el engaño de Stettin

Antoine Lasalle fue uno de los grandes generales de Napoleón, perteneciente a la caballería de los Húsares, fue su reflejo y máximo estandarte: bravucón, pendenciero, sin miedo a nada, temerario...  Pero también increíblemente astuto, ganó muchas batallas gracias a esto, pero hay una que destaca especialmente, la toma de Stettin.

Durante las guerras del Imperio francés de Napoleón con sus diversos enemigos,  la Grande Armée estaba presionando cada vez más a los prusianos, incapaces de detenerlos. Es aquí donde aparece la increíble astucia de Lasalle. En ese momento, ya un veterano curtido en batalla, está al mando de la llamada Brigada Infernal, el 5º y 7º regimiento de húsares. Tras otras tantas victorias, el ejército francés comandado por el Almirante Murat consigue arrinconar a los prusianos, que se encierran en la fortaleza de la ciudad polaca de Stettin tras una cuantas derrotas que desarbolaron al ejército. 

 Retrato de Antoine Lasalle de Antoine-Jean Gros

Retrato de Antoine Lasalle de Antoine-Jean Gros

Lasalle llega allí al frente de un contingente de 800 hombres y dos cañones, insuficientes para siquiera pensar en tomar la fortaleza, pero no pensaba rendirse ni dejar de presionar al enemigo.  

Al frente de la defensa estaba el teniente general prusiano Romberg, que se niega a rendirse cuando Lasalle se lo plantea sabiendo que este tiene tan pocos hombres, las defensas de la ciudad son sólidas y están preparados. Sabiendo que necesita un golpe de efecto para terminar de minar la moral de los prusianos, el grueso del ejército aún está lejos, y aunque puede esperar por él decide jugárselo todo en una apuesta alocada. Manda a sus hombres al bosque a cortar árboles, después los pintan de negro y los preparan como si fueran cañones. De repente los prusianos pueden ver como sus sitiadores tienen docenas de cañones apuntando contra la ciudad.

Vuelve a convocar a Romberg y le anuncia que os se rinden o tomará la ciudad a sangre y fuego, destruyéndola y matando a todos sus habitantes. Los prusianos, ya muy debilitados por las continuas derrotas no están en posición moral para negociar, y Romberg, con la aprobación del resto de oficiales, decide rendir la ciudad y abrirle las puertas a Lasalle.

 Busto de Lasalle en Versalles, foto de n apoleon-monuments.eu

Busto de Lasalle en Versalles, foto de napoleon-monuments.eu

Los húsares franceses consiguen entrar en la ciudad sin tener que realizar un solo disparo, tomando como prisioneros a más de 5000 soldados y apoderándose de decenas de piezas de artillería que podrían haberle hecho mucho daño. Este hecho fue decisivo para la posterior capitulación de los prusianos. Todo apunta a que si los prusianos llegan a querer defenderse lo habrían conseguido, o al menos podrían haber escapado de la ciudad sin que los franceses pudieran hacer nada, pero la moral de sus tropas, e incluso de sus oficiales era nefasta, en cambio la de los franceses, y más con alguien tan osado como Lasalle al frente, era altísima.

El viejo Romberg moriría en prisión tres años después, a punto de cumplir los 80, acusado de rendir la ciudad sin luchar. Lasalle había muerto pocos meses antes, en la batalla de Wagram, donde realiza una carga demasiado osada, como a él le gustaban, y recibe un disparo en la cabeza que lo mata instantáneamente. Una vez acabada la guerra, Napoleón, que lo adoraba, lo entierra en Los Inválidos con todos los honores.