La Batalla del Somme, una carnicería en la Primera Guerra Mundial

La vida de cualquier soldado cuando está en batalla depende en gran medida de la suerte, tener la suerte de no pisar una mina, de que el francotirador enemigo no te encuentre o que una granada no caiga en la zanja donde estás refugiado, pero si hay algo que inclina la balanza negativamente en la supervivencia de un soldado es que sus mandos sean unos ineptos o que directamente les importe una mierda la vida de sus soldados. Un gran ejemplo es la Batalla del Somme, en la Primera Guerra Mundial.

En 1916 la cosa no pintaba muy bien en Europa, las batallas iniciales habían desembocado en la guerra de trincheras, donde avanzar un simple metro costaba ingentes vidas. Las dos facciones buscaban como desestabilizar a la otra para romper este empate técnico. Y los aliados de la Triple Entente desarrollaron un plan para romper las líneas alemanas, atacar por tres frentes distintos y esperar que los Imperios Centrales no pudiesen defenderse, en el oeste los encargados serían los franceses y británicos. Atacarían de forma conjunta en el valle del río Somme, un lugar completamente equivocado, ya que estaba muchísimo más fortificado de lo que pensaban.

El problema se originó cuando los alemanes atacaron por sorpresa Verdún, haciendo imposible que los franceses mandasen muchas tropas al Somme, así que los mandos ingleses, con el mariscal de campo Douglas Haig al frentre, ni cortos ni perezosos, decidieron seguir con el plan con muchísimos menos hombres, simplemente para distraer fuerzas alemanas de Verdún y mantenerlas en el Somme… Un plan perfecto, sin fisuras…

 Douglas Haig con muchas medallas

Douglas Haig con muchas medallas

El 1 de Julio empezó el ataque, 1 millón y medio de granadas fueron disparadas para facilitar el posterior ataque de las tropas, la mayoría bisoñas, con sus mandos recién ascendidos, lo que no podía augurar nada bueno. A las 07:30 salieron de las trincheras 13 divisiones británicos y 6 francesas, delante de ellos estaba el 2º Ejército alemán, una relación de 3 a 1, más o menos. Lo mejor de todo es que los soldados llevaban más de 30 kilos de equipo y debían marchar en formación por la tierra de nadie hasta llegar a las trincheras alemanas, además no había apenas comunicaciones, lo que pasó estaba clarísimo, los alemanes, que apenas habían perdido tropas en el ataque previo, jugaron al tiro al pato con sus enemigos que apenas consiguieron llegar a alguna trinchera, aunque los franceses, más experimentados consiguieron algún éxito, en general fue una debacle total, en un solo día murieron 19240 soldados británicos, 35493 fueron heridos, 2152 desaparecieron y 585 fueron hechos prisioneros, frente a unas 8000 bajas alemanas. Caso aparte es el número increíble de mandos británicos que murieron, ya que vestían de un color diferente y eran los primeros a los que se les disparaba.

El caos era tan grande que los oficiales ni se habían dado cuenta de las bajas y volvieron a iniciar los combates a las 22:00, orden que en muchos lugares fue desobedecida o simplemente no llegó. A pesar de todo se consiguió abrir una brecha importante en las defensas alemanas, pero fue imposible que nadie diese las órdenes adecuadas antes de que los teutones consiguieran volver a cerrar filas.

 Artillería británica disparando

Artillería británica disparando

A partir de entonces la intensidad de los combates descendió, aún así del 3 al 13 de julio los británicos perdieron otros 25.000 hombres. Y cada vez llegaban más alemanes, así que los británicos seguían presionando, en la Batalla de Fromelles perdieron 7080 hombres sin avanzar ni un metro de terreno. Para el 14 de julio, los mandos británicos ya habían aprendido algo, y montaron un nuevo ataque, la llamada batalla de Bazentin, donde hicieron avanzar a sus tropas tras una cortina de fuego amigo, impidiendo que los alemanes pudiesen responder y consiguiendo capturar muchos puntos estratégicos. El 17 de julio, tres divisiones australianas, tras negarse a atacar de forma directa como querían los británicos, y repitiendo las estrategia de Bazentin, consiguieron tomar Pozières, pero después los mandaron a campo abierto a tomar la granja Mouquet, donde fueron aniquilados, tuvieron que ser sustituidos por canadienses, que tomaron la granja el 16 de septiembre, a los australianos estos ataques les costaron 23.000 bajas.

 Soldados británicos descansando en una trinchera

Soldados británicos descansando en una trinchera

Las posiciones se mantuvieron hasta el 15 de septiembre, cuando los británicos desplegaron sus “arma secreta”, los primeros tanques entraron en combate, aunque eran unas cafeteras que avanzaban lentísimo y que no estaban preparadas para el terreno, solo 21 de ellos consiguieron hacer algo, el impacto psicológico para los alemanes fue brutal, asustados por la nueva arma, flaquearon y perdieron más de 4 kilómetros de terreno.

 Tanque Mark I

Tanque Mark I

A partir de aquí el frente se volvió a estabilizar, y a pesar de que los mandos británicos intentaron otra vez las mismas estrategias, con el mismo nefasto resultado, apenas hubo avances, y la llegada del invierno paró todos los combates, acabando la ofensiva el 8 de noviembre.

Esta enorme batalla se saldó con una cierta victoria hacia el lado de la Entente, que consiguió avanzar 8 kilómetros, pero dejando por el camino la friolera de 624.000 bajas entre franceses y británicos frente a unas 500.000 alemanas… Más de 1 millón de muertos y heridos por 8 kilómetros. A pesar de todo la Batalla del Somme fue el inicio de las ofensivas de la Entente y su posterior victoria total, a un coste altísimo.