Las reliquias sagradas: El timo del Milenio

Las reliquias sagradas: El timo del Milenio

Durante la Edad Media, en el mundo cristiano, las reliquias sagradas, fuera lo que fuera, eran extremadamente importantes para la gente. Cualquier ciudad importante que se preciara necesitaba tener algún trozo de un santo o alguna pieza de ropa de Jesús. La veneración a estos restos era total, e incluso, hoy en día, cuando ya muchas de ellas han sido claramente vilipendiadas por la ciencia, léase la sábana santa por ejemplo, el culto a las reliquias continúa.

Pero no vamos a hablar de la sábana, ni de la Vera Cruz o de la Lanza, o si el Cáliz está en una catedral o en otra, no. Vamos a hablar de las reliquias más extrañas y extravagantes, auténticas locuras que te hacen plantearte cómo era posible que la gente se creyese esos disparates… Intentaré no ser muy malo a la hora de describirlos, pero no creo que lo consiga, porque tiene tela el asunto. Empecemos:

Leche de la Virgen María, si, tal cual, la LECHE de las… con la que María alimentaba al niño Jesús. ¿Sabéis donde tienen está reliquia? Pues en la catedral de Oviedo, nada menos. Al parecer, en el 722, en plena conquista árabe, de Toledo salieron unos cuantos cristianos cargando con un arca en la que se decía contenía un sinfín de reliquias. Esta fue guardada en Monsacro hasta que Alfonso II le construyó una capilla. Allí estuvo hasta que en el 1075, el rey Alfonso IV con un grupo de nobles, entre los que estaba el Cid, la abrió, sacando de ella como dos docenas de reliquias entre luz celestial y toques de trompetas, y en las que destacaba, más por lo que es que por bonita, claro está, la Leche de la Virgen.

Cuidado que no salpique

Cuidado que no salpique

Después de la leche, toca venerar otras cosas de cuando Jesús era bebé, como sus pañales. Los Santos Pañales son venerados en la iglesia de San Marcelo al Corso, en Roma, y mejor no preguntar de donde los sacaron o si Jesús se dejó algo en ellos… Y sin salir de La Ciudad Eterna, en la iglesia de Santa María del Popolo, tienen guardado el Cordón umbilical de Jesús (hay al menos otros 3 ombligos de Jesús en distintas iglesias, o era muy muy especial o algo raro pasa) y al parecer un poco más de la Santa Leche, lo que da a entender que María se iba dejando la leche en cualquier lado. Y por último, ¿Sabéis cuantos prepucios llegó a haber del pobre Jesús? 17 nada menos, que o estaba muy dotado o menuda putada le hicieron al pobre. Los Santos Prepucios eran unas reliquias muy cotizadas y se cuentan unas historias extrañísimas, como la de una santa que se le apareció sobre su lengua y se lo comió… no puedo comentar esto, es demasiado. Al final, la Iglesia prohibió su culto, era quizás poco pudoroso y santo todo el temita. Por cierto, hay un total de 64 dientes de Leche de Jesús repartidos por distintas iglesias.

El Santo Prepucio

El Santo Prepucio

Y no podemos olvidarnos del Espíritu Santo, artífice del embarazo de María, que al parecer se dejó atrás unas Plumas y ¡un huevo! que se pueden ver en una iglesia en Mainz, en Alemania. A eso hay que añadir que en el Vaticano tienen, eso sí, bajo llave, una botella con el Estornudo del Espíritu Santo, que digo yo que se resfriaría la bajar desde el cielo, por el cambio de temperatura y tal…

Mención aparte es el caso de San Juan Bautista, que perdió la cabeza y según la cantidad de reliquias que hay, algunas partes más. 63 dedos, 28 fragmentos del cráneo y 16 cráneos enteros y su esqueleto cuando tenía 12 años… si, en serio, y que estuvo guardado en la Catedral de Milán.

Una cabeza de San Juan Bautista

Una cabeza de San Juan Bautista

Y podríamos estar así todo el día, así que por último un pequeño resumen de algunas reliquias que están repetidas, lo que indica dos cosas, lo dicho anteriormente, que todo el mundo quería una reliquia, y que siempre hubo listillos que se aprovecharon de la gente más crédula. A ver, contemos, 800 trozos de la cruz de Jesús, 460 monedas de plata que le dieron a Judas (que cabrón, solo declaró 30), 3 lanzas que atravesaron el costado de Jesús, al menos 10 coronas de espinas, los rayos de la estrella de Belén (no preguntéis en donde los guardan) y por último, pelos de la barba del mismísimo diablo que le arrancó Jesús mientras esperaba para resucitar… ¡Espectacular!