Virginia Oldoini, una espía en la corte imperial.

Virginia Oldoini, una espía en la corte imperial.

Virginia Oldoini, Condesa de Castiglione, es una de las figuras más interesantes de mediados del siglo XIX, una adelantada a su tiempo, se sirvió de sus encantos femeninos para deslumbrar a toda la sociedad italiana y francesa de la época, y también para cortejar y espiar para conseguir la reunificación italiana.

Nacida en Florencia en 1837, era hija de un marqués toscano y desde pequeña recibió una educación exquisita que le valdría para fascinar a cientos de hombres a lo largo de su vida. Ya desde pequeña destacó por su belleza, llegando a ser conocida como la Perla de Italia.

La casaron siendo aún una jovencita con el Conde de Castiglione, 12 años mayor y con un carácter completamente opuesto al suyo. A Virginia le encantaba la vida social e ir a fiestas y el conde no estaba mucho por la labor, pero aún así, de algún modo, el matrimonio fue prosperando.

Virginia, como buena noble, estaba emparentada (¡ah! La endogamia en las altas esferas…) con figuras importantes italianas, entre ellas el Conde de Cavour, primer ministro de Víctor Manuel II de Saboya, y una de las principales figuras en la reunificación italiana, pero en aquel momento, el reino de Piamonte-Cerdeña era un pequeño reino que buscaba la manera de implicar a Francia en su lucha contra Austria para conseguir ganar poder.

Una de sus fotografías mas famosas

Una de sus fotografías mas famosas

Cavour, que también quedó fascinado ante la belleza y la personalidad de Virginia elaboró un plan para conseguir el apoyo de Francia, en 1855 envió a Virginia junto con su marido y su pequeño hijo a la corte imperial de Paris, donde el sobrino de Napoleón, Napoleón III había conseguido ser nombrado emperador como su tío después de ser presidente del país. El plan era muy simple, Virginia debía enamorar al emperador y convertirse en su amante para conseguir información y para disponer a Napoleón III para enfrentarse a Austria apoyando a los italianos.

En un baile al que fueron invitados los condes, Virginia, que se movía como pez en el agua en estas situaciones, desplegó todo su encanto y consiguió que el emperador de fijara en ella y pronto consiguió llegar a su alcoba. Durante dos años fue la amante de Napoleón III, llegando a ser conocida como “la mujer del sexo de oro imperial”. Al final el escándalo fue tan grande que su tapadera saltó y tuvo que irse de Francia. Aún así algo sí que debió conseguir, porque no mucho después Francia ayudaría a Piamonte-Cerdeña en su lucha con Austria.   

Napoléon III, el sobrinísimo

Napoléon III, el sobrinísimo

Ya apartada del mundo del espionaje, y divorciada de su marido, se dedicó a dos cosas: A coleccionar amantes y a la fotografía. En su lista de amantes aparecen grandes personalidades de la época, incluso el primer rey de Italia, Víctor Manuel II. Y en cuando a la fotografía, se dedicó a plasmar su belleza y se convirtió en una de las primeras modelos de fotografía de la historia, junto con el fotógrafo Pierre Louis Pierson, realizaron más de 400 fotografías, donde Virginia no solo modelaba, sino que se encargaba del vestuario, la decoración y la propia fotografía, incluso diseño un montón de disfraces y vestidos para sus sesiones. Y, saltándose todas las restricciones morales de la época, ¡enseñó sus pies y pantorrillas! todo un escándalo para el siglo XIX.

Sus piernas, ¡Qué escándalo!

Sus piernas, ¡Qué escándalo!

Desgraciadamente, el paso del tiempo hizo mella en su belleza, y Virginia, sin poder aceptarlo, se recluyó en vida en su casa de París, donde volvió unos años después, y cayó en una profunda depresión hasta ser conocida como “La loca de la plaza de Vendome”