Los Almogávares, de montañeros a conquistadores

Durante la reconquista, en las montañas de los pirineos, los duros montañeros vieron como los valles donde pasaban el invierno eran pasto de guerras y conquistas y aprendieron a sobrevivir en la montaña dedicándose al saqueo cuando no podían pastorear, con el paso de las generaciones se acostumbraron más y más a esta vida y los reyes cristianos vieron en ellos unas tropas de infantería ligera y de reconocimiento como ninguna otra. Aunque el término almogávar en principio se usaba para las tropas musulmanas, ya en el siglo XI lo usaban las tropas aragonesas.

Al principio, estos duros combatientes servían como infantería ligera bajo la orden de los reyes cristianos, forjándose en la guerra de fronteras, donde se sentían en su ambiente, saqueando y matando, luchando en pequeños grupos, sin apenas armadura, pero sus alfanjes eran temidos por todos. Destacaron sobre todo en Aragón, estuvieron en la batalla de Navas de Tolosa y ayudaron a conquistar Valencia y otros territorios. Después Aragón los mandó a guerrear a Sicilia contra los Anjou, donde su reputación se hizo internacional.

Y es en este momento cuando alcanzan la épica. En el momento que la guerra en Sicilia se acaba, había un montón de almogávares desocupados, y estos, que no estaban acostumbrados a estarse quietos, provocaban muchísimos problemas, pero para solucionarlo aparece en escena Roger de Flor, un templario en busca de fama y fortuna y sabiendo que el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo necesitaba ayuda contras los turcos, consigue convencer a los almogávares para que se unan a él y se crea la Gran Compañía Catalana, formada por 1500 caballeros y 4000 almogávares que parten hacia Constantinopla.

 Roger de Flor

Roger de Flor

En enero de 1303, Roger de Flor y sus hombres llegan a Constantinopla, y recibidos por el Emperador, que como pago por su lealtad le dio a Roger la mano de una princesa y lo nombró Gran Duque, pero la llegada de este contingente alteró el equilibrio de poderes, sobre todo de los genoveses, que ya odiaban a los aragoneses y poco a poco fue escalando la tensión. Hasta que el día de la boda de Roger de Flor, un grupo de genoveses armados se acercó al palacio donde se celebraba ondeando la bandera de Génova, esto exaltó a las tropas almogávares que estaban en el exterior, y sin órdenes, fueron a por los genoveses, que a pesar de su gran número fueron aplastados, ni siquiera las tropas bizantinas pudieron pararlos, y si no llega a ser por el propio Roger de Flor, hubiesen arrasado la colonia genovesa de la ciudad. Murieron 3000 genoveses y la reputación de los almogávares no hizo más que subir.  

Después de esto, el Emperador mandó a las tropas a luchar fuera de la ciudad, y empezaron a encadenar victoria tras victoria contra los turcos, a los que mataban sin piedad, ya que no hacían prisioneros, al grito de “¡Desperta Ferro!” y “¡Aragón, Aragón!”. La verdad es que los almogávares provocaban muertes no sólo entre sus enemigos, ya que cada vez que paraban devastaban una región o se peleaban con las tropas de sus aliados, así de temibles eran. Poco a poco fueron ganando terreno al turco, incorporando toda la provincia de Filadelfia (actual Alasehir) y más tarde Magnesia, llegando a las Puertas Cilicias, donde volvieron a ganar una batalla en inferioridad.

 Ramón Muntaner, administrador de la Compañía y cronista de todo lo sucedido

Ramón Muntaner, administrador de la Compañía y cronista de todo lo sucedido

Todo esto les granjeó grandes enemigos dentro y fuera del Imperio, y después de dos años de victorias y masacres, se preparó un plan para acabar con ellos. El mismo hijo del Emperador, Miguel IX Paleólogo, orquestó la traición, asesinando a Roger de Flor y a 100 de sus hombres en un banquete y atacando al resto en la fortaleza de Gallipoli, donde tenían su cuartel general, pero no pudieron derrotarlos, quedando sólo 206 jinetes y 1256 hombres, que a pesar de la falta de líderes, o quizás gracias a que ya nadie los podía controlar, empezaron la llamada Venganza Catalana.

Durante los dos siguientes años se dedicaron a arrasar y a saquear toda la zona de Grecia, dejando una impronta de terror tan grande que aún a día de hoy son parte del folclore en el país. El Imperio Bizantino intentó detenerlos, pero fue imposible, en la Batalla de Apros, perdiendo a 25.000 hombres y dejando al Imperio sin ejército durante mucho tiempo.

 El Ducado de Neopatria

El Ducado de Neopatria

Acabada la Venganza, se instalan en Grecia, formando el Ducado de Neopatria y entregado a la Corona de Aragón. Todo el mundo intentó echarlos, pero no hubo manera, incluso el Papa los excomulgó, pero todo fue en vano, se mandó a un ejército francés, sólo para que acabaran como los demás, derrotados. Mantuvieron el control de la zona hasta 1390, cuando sus descendientes fueron derrotados por otros mercenarios y acabando con el control de Aragón en la zona. Así acaba la historia, que se convertiría en leyenda, de unos duros montañeses que fueron llevados al otro lado del Mediterráneo y no conocieron la derrota.