El Puerto de Cesarea

Cesarea fue una colonia romana fundada por Herodes el Grande en un antiguo asentamiento fenicio para albergar a los soldados veteranos romanos una vez se retiraban. Debe su nombre a Cesar Augusto, el primer emperador, y poco a poco fue creciendo en importancia hasta ser la capital de la provincia en época de Adriano tras la destrucción de Jerusalén, pero tras la caída del Imperio fue perdiendo importancia hasta quedar abandonada. Las ruinas que allí se conservan, sobre todo las de su puerto, son impresionantes.

Cesarea vivió su época de esplendor durante el Alto Imperio romano como capital de la región, empezando su decadencia en la época bizantina, agravada durante el Califato Omeya, en la que perdió toda distinción. Aún sobrevivió hasta la época de las cruzadas donde se convirtió en uno de los cuatro arzobispados de Tierra Santa, siendo reconstruida y amurallada, hasta que fue arrasada por los mamelucos.

 Pintura de Herodes el Grande de James Tissot

Pintura de Herodes el Grande de James Tissot

Cesarea fue construida de forma monumental, el rey Herodes (sí, es el Herodes de la Biblia) como vasallo y amigo de Roma decidió construir una ciudad para dedicarla en honor del emperador Augusto  y asentar allí a soldados romanos como pago por sus años de servicio. Las obras de la ciudad duraron años, al menos en el puerto se tardaron unos 10 años en tenerlo listo. Destacan también el circo, el anfiteatro  y el teatro romanos además de un enorme acueducto y el palacio de Herodes, vamos, era una ciudad romana con todos los lujos. A día de hoy se pueden visitar dentro del recinto del Parque de antigüedades de Cesarea.

El puerto recibió el nombre de Sebastos (que es Augusto en griego) y en su construcción se utilizaron unas 48 toneladas de distintos material para conseguir construir un puerto doble de más de 100.000 metros cuadrados, una auténtica barbaridad incluso a día de hoy. El puerto es uno de los mayores construidos en mar abierto. Para construirlo hizo falta todo el ingenio romano, que era mucho, para conseguir, por ejemplo, construir y apuntalar al fondo marino los cimientos que sustentarían el puerto.

 Vista actual del puerto

Vista actual del puerto

Uno de los grandes secretos de su construcción y de su durabilidad, ya que hoy en día sigue en pie, es el hormigón que usaban los romanos. A diferencia del hormigón actual este se hacía a partir de rocas y cenizas volcánicas y rocas puzolanas, que además de resultar mucho menos contaminante tiene una ventaja añadida muy importante, al ser un cemento “natural” reacciona con su entorno, en este caso con el agua salada, provocando que en vez de desgastarse como haría el cemento actual, hace todo lo contrario, sus poros se cristalizan y se endurece todavía más, creando una estructura súper resistente. No queda muy claro si los romanos sabían esto o no, pero el paso de los milenios ha demostrado que, para este uso en concreto es mucho mejor que lo materiales actuales que empiezan a degradarse pasados unos 50 años.

 A día de hoy se puede visitar la zona, y una parte se ha convertido en un museo marítimo, el Parque Arqueológico submarino de Cesarea, con diferentes puntos que se pueden visitar buceando. La ciudad, con su magnífico puerto, está en la Lista de candidatos a Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000.