Alex

El pozo de los caballos

Alex
El pozo de los caballos

En medio del desierto de Namibia, en el África suroccidental, uno de los desiertos más agrestes y difíciles para la vida, sobrevive una manada de caballos contra todo pronóstico. Puede que os preguntéis, ¿Caballos en un desierto? ¿En esa zona de África? ¿Cómo es posible?

Para empezar deciros que son una especie, digamos, invasora y todo apunta a que no llevan allí mucho más de un siglo. Hay varias teorías al respecto, pero la que parece más solida se remonta a la época de la Primera Guerra Mundial, cuando Namibia era una colonia del Imperio Alemán, llamada África del Suroeste, era de las pocas colonias germanas en África, y fue atacada por Gran Bretaña y Francia durante el conflicto. Y aquí es donde empieza la historia de estos curiosos caballos, en la época y en la zona, la forma más fácil de trasladarse de un lugar a otro era andando (aguantando el calor y que ningún animal salvaje te anotase para el almuerzo de ese día) o bien a caballo, tanto montado como en carreta, sobre todo para los ejércitos, ya que era la manera más rápida de moverse por las extensiones propias del desierto.

Entre tanto ataque, combate, disparo aquí y apuñalamiento allá propio de la guerra, y conforme se iban rindiendo los alemanes y sus aliados africanos, muchos caballos fueron abandonados en el desierto, algunos heridos o moribundos, ya que no se les podía dar de comer ni de beber cuando apenas tenían agua para los humanos. 

Y un grupo de ellos, se dice que unos 50, de alguna manera no murieron, sino que incluso prosperaron. ¿Cómo? pues muy sencillo, gracias a un pozo, artificial, que alguien, seguramente los buscadores de diamantes de la zona, construyó para poder recoger agua.

Tres caballos del desierto jugando un ratito

Tres caballos del desierto jugando un ratito

 

Estos caballos, y sus descendientes, que hoy llegan a unos 300 prosperan allí, en medio de la nada, en un lugar donde no deberían estar. Se han conseguido adaptar al medio, y consiguen alimentarse de lo poco que da una tierra tan inhóspita, algo completamente increíble, viendo esto, es fácil entender que la vida siempre prospera, pase lo que pase.

Con el tiempo estos equinos se han ido aclimatando, y ahora, nacidos salvajes, compiten con el resto de animales (pocos) del desierto por un poco de comida, eso sí, sin alejarse mucho del pozo, nunca más de 50 km, para poder volver antes de desfallecer de sed, y esto, con una historia tan increíble, sería una autentica pena.