Alexmuerte, absurdo

Muertes Absurdas, ¡Vaya forma de irte a la tumba! (II)

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Muertes Absurdas, ¡Vaya forma de irte a la tumba! (II)

Hoy vamos a seguir nuestro ranking particular de gente que murió haciendo el idiota o por una increíble mala suerte. Al fin al cabo, los humanos, al final siempre metemos la pata, y algunos la meten mortalmente.

               

Empecemos por un auténtico héroe, Jack Daniel, el creador del whisky que lleva su nombre. Todo un genio en el mundo de la destilería, consiguió su Old nº7 siendo muy joven, según algunas fuentes, podría tener unos 16 años. Su distintivo sabor, que se consigue al filtrar el alcohol en carbón de arce sacarino, junto con su botella cuadrada y su etiqueta negra, es una de las marcas más icónicas y fáciles de distinguir. Y ahora nos vamos a centrar en sus últimos días, ya mayor y habiendo dejado la compañía en manos de su diligente sobrino Lem Motlow, llegó un día a su despacho y quiso abrir la caja fuerte, pero no recordaba bien la combinación, así que, frustrado, decidió darle un puntapié a la caja fuerte, y evidentemente se hizo mucho daño, era 1911 y la sanidad aún no estaba lo suficientemente extendida, en este caso parece que la prudencia tampoco, la herida que se hizo en el dedo gordo fue a peor, hasta que la infección se extendió tanto que lo mató.

                Ser un Premio Pulitzer no te quita de morir de una forma absurda, sino que se lo digan a Tennessee Williams, el dramaturgo, que lo ganó dos veces (Un tranvía llamado Deseo y La gata sobre el tejado de zinc), además de muchas más obras laureadas y premiadas. Ya con 71 años, en una habitación del Hotel Elysee en Nueva York, y por lo que parece, lleno de alcohol y pastillas, decidió abrir un bote de gotas oculares, y como se le debía resbalar, intentó abrirlo con la boca, tragándose el tapón en el proceso, con tan mala suerte que borracho y empastillado como estaba no le funcionó el reflejo faríngeo y murió atragantado.

                Aunque en general la muerte siempre es horrible, algunos montan una buena fiesta antes de irse. Es el caso del filósofo estóico Crisipo de Solos. A este griego se le considera la mayor figura de la filosofía estoica clásica y fue una figura muy influyente en Atenas durante su vida. Su muerte llegó durante la Olimpiada 143 (208-204 a.c.), al parecer estaba de celebración y corría el vino abundantemente, Crisipo, que ya debía ir fino, le hizo mucha gracia ver a un burro allí, así que decidió darle algo de vino, el pobre bicho, alcoholizado perdido, intentó ponerse a comer unos higos, pero debía de costarle y al parecer Crisipo, viendo la escena, soltó una frase tan ingeniosa, que del ataque de risa que le dio murió allí mismo, aunque puede que todo el alcohol que llevaba encima ayudase.

                Por último en esta ocasión traemos a un auténtico mago y showman, Harry Houdini. La biografía de Houdini está llena de trucos asombrosos convirtiéndose en el ilusionista más conocido de la historia,  también es importante pero menos conocida su labor en contra de toda la superchería del espiritismo, muy de moda en la época, que incluso le llevó a un agrio enfrentamiento con Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, y gran defensor del espiritismo, incluso llegó al punto de preparar un último truco para desenmascarar a los farsantes de este mundillo. Ideó, junto con su mujer, un código secreto de 10 palabras, para que cuando muriera, ella pudiera ir a cualquier médium y saber si era cierto o no, evidentemente y aunque ella lo intentó durante 10 años, ningún supuesto espiritista fue capaz de darle el código.

Pero, ¿cómo murió? En 1926 se encontraba en Montreal, descansando tras una de sus actuaciones, cuando un grupo de jóvenes universitarios se acercó a él. La resistencia física de Houdini era famosa y uno de los estudiantes lo retó a recibir unos cuantos puñetazos en el estómago, el mago aceptó, pero el estudiante, que al parecer era campeón de boxeo, no le dio tiempo a prepararse adecuadamente para recibir el golpe, y aunque los aguantó bien y dejó al grupo impresionado, los golpes le pasaron una dura factura, es posible que tuviera ya un principio de apendicitis, lo que está claro es que se le rompió el apéndice, convirtiéndose en peritonitis, aún así, Houdini siguió trabajando, hasta que la fiebre y el dolor lo dejaron exhausto. Tras varios días sufriendo murió a los 52 años y se perdió a un genio incomparable.

 

Y hasta aquí las muertes absurdas de hoy, otro día mas, ¡qué la Parca nunca descansa!